Opinión / NOVIEMBRE 26 DE 2020

Esperanza fraudulenta

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Esta dolorosa afirmación, indudablemente endémica en nuestro país, procede del comentario de un médico que lamenta el deterioro al que está expuesta su profesión, que por fuerza del modelo consumista al que ha sido arrastrada la salud, muchos colegas —decía él—, han mutado a mercaderes de la enfermedad como un producto más de usar y tirar. 

Lo que preocupa de la situación que esboza el galeno, es que esa expresión se ajusta a una realidad que ha permeado todas las profesiones, dentro de la cual, la política —antes un noble oficio, hoy una actividad deslegitimada socialmente— lidera la transformación de la vocación —llamado al servicio— en instrumentalización —utilizar algo o a alguien para un fin—, con lo cual la esperanza se hace mentira, se constituye en engaño.

Dos son los grandes ejes de la vida mental: la inteligencia y la conciencia, afirma Trivers. Pero la inteligencia es inconsciente y la lentitud consciente; sin embargo, la parsimonia puede ser reconocida e intentar superarla, para luego pasar a la negación de su propia lentitud. Y como la mente pasa de un efímero estado de lucidez a una ceguera persistente, ser presa del engaño queda a pedir de boca. Por esa razón, si bien los timadores son reconocidos, la duración de este reconocimiento es lábil, por eso caer en la trama del ardid es muy fácil. Esto es propio de la condición humana.

Para el cerebro es menos costoso energéticamente mantenerse en el statu quo que salir de ahí y cambiar; el cambio implica un gasto extra de energía, por eso para el cerebro se hace más cómodo no hacer el esfuerzo de cuestionar, preguntar y dudar. La duda aparece como destello, pero los trúhanes profesionales —predadores— saben que con algo de persistencia y refuerzo de la artimaña, se vela la duda y logran su propósito de instrumentalizar a sus víctimas para beneficio propio. Y así se tenga la conciencia del engaño de que se es víctima y haya el propósito de cambiar, hacer la conversión es difícil porque ante la figura de autoridad la tendencia es a creer, por lo tanto, desestimar la duda.

¿Y cómo deshacerse de la carrera de mentiras y falsas esperanzas? Tener la conciencia de que la naturaleza en general y los humanos en particular, poseen la capacidad del engaño y el autoengaño como estrategia adaptativa para la supervivencia. Reconocer y asumir esa capacidad, permite apreciarla y comprenderla a profundidad, con lo cual es posible defenderse del engaño cuando éste se dirige hacia usted y a todos, para de esa forma combatir ese impulso y recuperar la esperanza, pero sin fraude.


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