Opinión / ENERO 19 DE 2022

Esposos o compañeros

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La concepción de la construcción de las relaciones de pareja ha estado permeada por algunos procesos muy religiosos, machistas y conservadores que conciben una unión como un proceso de posesión donde primordialmente los hombres han considerado a su compañera como “su mujer”, este discurso hace que se dé una estructura de poder y de autoridad que va en contra del cambio en la representación actual del papel de las parejas y mucho más de la construcción de nuevos tipos de parejas donde todas las personas tienen posibilidades de crecimiento y equilibrio como seres sociales y fundamentalmente iguales.  

Hemos crecido sin duda con una creencia de construcción de relaciones monogámicas exclusivas, es decir, relaciones o matrimonios que deben renunciar completamente al mundo y dedicarse a su pareja el resto de su vida, siendo fieles y leales solo a esa persona y donde es impensable la opción de sentir o explorar otro tipo de placeres.  

Este tipo de acuerdos no son negativos, lo difícil es que también históricamente nunca se ha dado en realidad, y todas estas relaciones con acuerdos tan radicales han tenido problemas de infidelidad, alguno de los miembros de la relación ha tenido parejas ocultas o incluso algunos de esos hombres que dicen “mi mujer” no solo tienen una familia sino varias.  

El concepto de esposos tiene una concepción de encadenar, esposar o limitar al otro. Tal vez esto sea uno de los problemas fundamentales en las relaciones porque al hacer sentir al otro encadenado, controlado o encerrado, estamos consiguiendo que se dé una carencia y con ella una necesidad de sentir más allá de las cadenas.  

En este sentido nos hacemos la pregunta ¿Esposos o compañeros? Tal vez la respuesta a tantas problemáticas en las relaciones es erradicar estos supuestos tan castradores, conservadores y conseguir relaciones donde seamos compañeros, cómplices y compinches del otro, donde podamos crecer sin necesidad de poseer, donde podamos amar al otro con su libertad y donde entendamos que no hay un poder frente al otro y que su libertad hace parte de nuestra felicidad.  

Muchos dirán que es una postura muy libertina, que dañaría la construcción de familia, yo les diría que debemos dejar la doble moral y la costumbre de tirar la piedra y esconder la mano, nuestra cultura ha tenido ese modo de actuar porque es más fácil para muchos hacer las cosas por debajo de la mesa, con mentiras o con engaños y creerse el más fiel y el más leal.  

Debemos ser más claros con nuestras necesidades, comunicar a nuestra pareja nuestros temores, acompañarla en sus debilidades, ser partícipes de sus deseos y fantasías y entender que está con nosotros compartiendo un tiempo de su vida, no es una propiedad privada y por ende es una persona activa que puede asumir posturas.  

Esto tal vez sería un ideal de relación donde dejemos de ser esposos para ser compañeros de viaje y de vida.  


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