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Opinión / JULIO 11 DE 2021

Excesiva preocupación

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Preocuparse es una respuesta natural de protección ante situaciones de amenaza, cambios o incertidumbre. Un porcentaje de las preocupaciones reporta beneficios en términos de ser un impulso que motiva a actuar, emprender acciones, generar transformaciones o en casos específicos reaccionar rápido ante situaciones que así lo exigen. Pero también es cierto que otra parte provoca sufrimiento y malestar emocional y mental. Lo cual, aunque no es agradable, por tiempos razonables y ante diferentes circunstancias resulta normal. 

Pero si esta preocupación se vuelve parte permanente de la vida, es muy intensa y se experimenta con mucha frecuencia. Nos paraliza o mantiene en un ritmo acelerado sin permitirnos estar relajados, conciliar el sueño o rendir en el trabajo, es urgente hacer algo porque disminuye considerablemente la calidad de vida afectando la salud en varias de sus dimensiones. 

Lidiar con pensamientos perturbadores es una tarea difícil. No hay una única estrategia para librarse de las preocupaciones pero si es posible ponerlas en su justa dimensión. Disminuir la preocupación o no permitir que se intensifique es el resultado de una práctica consistente y sistemática que lleva poco a poco a aprender a modular los pensamientos para darles un carácter mas realista, práctico y proactivo.

Hoy miles de personas en el mundo están inquietas por temas que les son comunes, especialmente relacionados con todo lo que ha implicado estar en medio de una pandemia. Tenemos el desafío de calmar la mente, apaciguar el corazón y disminuir tanta preocupación. 

Como lo he expresado en varias ocasiones en esta columna, creo en las pequeñas acciones para hacer transformaciones importantes que permitan afrontar la situaciones a las que nos vemos abocados cotidianamente con mayor tranquilidad y serenidad. Les propongo algunas. 

Poner la preocupación en otros aspectos no solo en la situación que inquieta.

Disminuir el tiempo dándole vueltas a una misma idea. 

Identificar acciones que en el pasado hayan servido para calmarse.

Conversar y compartir lo que se está sintiendo y el enfoque que tenemos de la situación.

 Evitar dramatizar, ponerse automáticamente en lo peor o caer en alarmismo excesivo.

Proponerse no volver sobre el tema que causa inquietud una y otra vez.

Identificar las situaciones que causan preocupación.

Ensayar versiones positivas de lo que está sucediendo.

Aplazar por un tiempo determinado, por ejemplo 2 horas pensar en lo que le preocupa. 

Practicar relajación, respiración profunda, visualización o meditación.


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