Opinión / NOVIEMBRE 24 DE 2022

Gobiernos de 3 años

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El país está triste por los daños que el invierno y la “corrupción” dejó, especialmente en regiones dónde queda un dolor que nadie quisiera vivir. Las alegrías de ayer se convirtieron hoy en tristeza. Hay un gran vacío y el país pregunta: ¿Qué pasó? ¿Quién falló? ¿Cómo fue el control? ¿Faltó planeación y revisar más? Las otras grandes dudas son: ¿Eran los adecuados? ¿Los contratistas de las obras, que fallaron en varias regiones, qué piensan de lo que hoy ve el país? ¿Actuaron con ética y profesionalismo? ¿Serán de esos a los que poco les interesa el dolor ajeno, aprovechan el desorden institucional y esperan otra vez para que les den otro contrato o adición? Increíble el cinismo.

Cada 4 años el presidente invitar a aportar, a sumar inquietudes y sueños para incluirlos en el plan de desarrollo. “Fantástico”, se corre el riesgo de no cumplir el artículo 339 de la Constitución Nacional. Ahora, con tantos desastres y recursos que hacen cambiar de destino, es el momento de pensar más en el país, sin perder tiempo, hay que hacer un alto en el camino. 

Tramita el Congreso una reforma política y electoral que se ve oscura, solo beneficia a políticos que, por lo mal que han actuado y como una muestra de arrepentimiento y de respeto al país, deberían pararse y mirar la nación; cambiar lo que se requiera, iniciando con la oficina de Planeación Nacional para que sea el eje central del gobierno y el coordinador del plan de inversiones del país; se debe ajustar la metodología para logar un Plan de Desarrollo integrando a toda Colombia. 

Perdieron el tiempo. Ahora, para no quedar peor, piden ampliar el periodo presidencial, cuando la solución no es esa, lo que se requiere es reducirles el tiempo a gobernadores, diputados alcaldes y concejales, y, a futuro, elegirlos en igual fecha a todos, ojalá a partir del 2027. Pero, otra vez, no hubo voluntad, los intereses regionales del 2023 pesan mucho y aprovechar el desorden institucional es lo que quieren.

Se pudo, pero no quisieron. Tocará esperar al 2031, si es que hay voluntad. No quieren perder autonomía y eso, unido al sueño de poder, motiva a luchar por el control total de recursos territoriales, para poder negociar y contratar; aumentará la corrupción. Es más sencillo, para ellos, saltar las normas que pedir recursos al gobierno. La poca voluntad de aportar al país sirve para conocer a congresistas con verdadera vocación de servicio y clasificarlos: como servidores del país o como parte de ese grupo de inolvidables, inútiles y vividores. 

¿Veremos cambios en las estructuras y control a los dineros públicos? Serán otras generaciones, porque las que hay no verán nada, salvo contadas excepciones. Ojalá esté equivocado y esas mentes nuevas que luchan por visionar un mejor al país salgan, porque los que suenan difícilmente colocaran la mano para salvar al país; ejemplo: pensiones y salud.


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