Opinión / ENERO 28 DE 2022

Imaginación colombiana

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¿Quién no ha dicho sobre alguien con ironía, aunque por boca de otro, que es pintoresco, de carne y hueso, pero en la imaginación? Voy a contar la historia de seres que andan en la punta de la lengua de todos y nadie sabe de dónde son. Cualquiera los nombra a diario y para las circunstancias más rutinarias. Estos seres fantásticos le permiten a uno salir de apuros al dar un juicio y traer a la vida, a personajes que existen solo de palabra.

 La conversación diaria vive de ellos. —Anda como el judío errante de la ceca a la meca—. ¿cuál es esa ciudad donde hay una ceca y una meca?, ¿Quién la ubica en el mapa, en cuál calle o carrera está la ceca y la meca, y de qué idioma son esas palabras? Pero nadie vacila si para decir trashumante, sin domicilio conocido, menciona al judío errante. El personaje tiene su misterio de edad, ¿Cuántos años tiene? Algunos le ven rasgos de fantasma escurridizo. 

 Nadie vio su cédula. La expresión se la oí a mi abuelo en la tierra fría, este a su vez la escuchó de sus padres y ellos de sus abuelos. Entonces digo yo, el judío errante tendrá la edad de Colón si este viviera. Y en una esquina de Colombia en este instante alguien dice: —Mírelo, ahí va ese Judío Errante. Presumo que viene del Asia Central pues la ceca y la meca son expresiones orientales. Así que es un sujeto melancólico de tantos años que lleva encima y solitario ¿habla en qué lengua semita?

 En Manzanares, Manaure, Tebaida y Pijao, hablan del personaje como si acabaran de verlo con un sombrero que no se quita ni cuando hace sol y menos cuando llueve, que habla como un culebrero, aventajado en dichos populares y da zancadas marcando las huellas.  Pero nadie da testimonio de si lo vio, qué le dijo el Judío Errante. Escuché en las carnestolendas Pastusas que lo vieron con la Familia Castañeda.

 Parentela que vive de los carnavales como el Judío Errante de la soledad de los pueblos. Se dice de la familia Castañeda que no le alcanzan ni maletas ni baúles para guardar esqueletos y secretos de familia. Y la imaginación popular hace listas de sus cachivaches, haberes; espejos, trampas, baúles de cuero, loros, radios con la señal confundida, celulares sin simcard, agüitas de toronjil, el almanaque Bristol, tarjetas débito sin respaldo, dados, marihuana para las noches de luna llena. 

Todo el mundo conoce su apellido, pero nadie ni el nombre del papá, la hija mayor, la señora, el bebé que no para de berrear. El espejo enorme, de cristal de roca, no se partió con estos trasteos infinitos. Nadie, y tengo fuentes en Manzanares, en Río Sucio y en Titiribí, ha dicho cuántos son la Familia Castañeda.  Pero en todos los carnavales de Colombia tienen su lugar, su carroza, sus cachivaches y su poesía de misterio doméstico, ¿dónde viven después que se acaba el carnaval y por qué son populares si nadie recibió sus favores. Por lo visto tienen un rincón en cada pueblo de Colombia. Vienen de la provincia, nadie los ha visto en Bogotá. ¿Por qué el judío errante, triste y solitario no se va a vivir con la Familia Castañeda?


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