l
Opinión / JUNIO 21 DE 2024

Juana Inés

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La búsqueda de la guerra, de sus desmesuras, es fácil, porque los hombres van a la caza de un cuerpo enemigo para ultrajarlo o para eliminarlo. La crueldad y el mal tienen rutas abiertas en el mapa del planeta o de la imaginación de un resentido. 

Encontrar el amor en este tiempo se ha convertido en una actividad espinosa y muchas veces imposible. El amor, en épocas contaminadas de locura, se vuelve una utopía, un lugar de difícil acceso. Hay trampas y voces dominantes que nos ganan la partida. Aunque ese triunfo, provisional, lo podemos revertir si un ser o dos exploran los caminos de la dulzura. 

Yo conocí, desde un octubre, a una mujer que me enseñó con su inteligencia y su mirada compleja que el amor tiene caminos imprevistos, pero siempre su llegada es una fiesta. 

Ella alguna vez esperó durante varias horas en una cafetería a un funcionario de banco- un billarista feliz- quien sería su amado, como si su imaginación supiera qué iba a pasar: tenía, tiene un corazón predictivo y apasionado por la vida.

Juana Inés, que no es un personaje literario como ella misma repele, descubrió sus ilusiones en Pijao, donde vivía en la infancia y soñaba que sería feliz, próspera y, en particular, se convencía de poder ser una mujer libre de las imposiciones de la cultura patriarcal.

Ella, nacida en los avatares de la revolución femenina, corajuda, se fue construyendo como estudiante de matemáticas y contabilidad, y luego como una maestra de español y después inició el camino, a veces incierto, del emprendimiento. La creatividad de esa mujer, divergente, la convirtió en un ser independiente y autónomo.

Hablo de Juana Inés porque ella, como deriva de una generación de mujeres, también fue emboscada en los afectos, pero siempre ha encontrado el camino en un tiempo difícil, donde el engaño es moneda circulante. Ella ve sospechas y terrenos minados donde también hay inquietudes y asombro.

Juana Inés, como si la geografía fuera un tejido de Penélope, cree que viajar, más que una salida de sí misma, es una posibilidad de contemplar el paisaje humano, de entender otras culturas y otros nativos, siempre con la idea de que irse es querer llegar a lo mejor de uno, a reencontrarse en algún recodo con la esperanza de ser la persona serena que mira una montaña o que se estremece con los aires salinos del mar. 

El mar, a Juana Inés, la reencuentra con una mujer que fue, que vivió en otras épocas al borde de las olas y que desea regresar a la plenitud de la resolana de una mañana, tal vez en Santa Marta, en Palomino o en cualquier lugar de Isla Fuerte. Es una mujer del litoral nacida en la montaña nuestra.

El amor se volvió para ella complejo en un mundo donde campea, como emboscada, el odio. 

A Juana Inés, un poeta le escribió unos versos: “Es un nido mi casa para ti, porque como águila o colibrí puedes gorjear tranquila, cerrar tus pupilas para soñar”.

El verbo crea dice, y su sonrisa ilumina mis días.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net