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Opinión / MARZO 19 DE 2024

La constituyente de Gustavo Petro

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Colombia entró en una especie de paranoia colectiva, a partir del momento en que el presidente Gustavo Petro lanzó la amenazante advertencia de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente, si el congreso no le aprueba las reformas que propone su gobierno. El delirante anuncio estremeció las estructuras sociales, políticas, académicas y democráticas de este país, a tal punto que inmediatamente surgió una cascada de reacciones de expresidentes, exministros, exfiscales, excontralores, exprocuradores, dirigentes políticos, analistas, académicos y líderes sociales, quienes en su mayoría coinciden en afirmar que es una propuesta irresponsable y carente de sentido, que atenta contra la estabilidad democrática y puede tornarse catastrófica para el país. Sin embargo, es posible que Gustavo Petro, con la frialdad del más experimentado ajedrecista, haya explotado semejante bomba mediática, como resultado de un plan calculado minuciosamente; es decir una estrategia distractora, para poner a hablar a los notables de los diversos sectores, a través de los medios de comunicación, para desviar la atención y disipar las críticas, originadas por los resultados desfavorables y fracasos acumulados en sus escasos 19 meses de gobierno. Si algo ha demostrado con solvencia Petro es el conocimiento de los simbolismos y el manejo sagaz del despertar de las emociones colectivas; fue por eso que reservó el anuncio para hacerlo desde puerto rellena -para muchos, puerto resistencia- en Cali, el pasado viernes 15 de marzo, en un encuentro con la minga indígena y algunos líderes sociales, sabía muy bien lo que desencadenaría ese anuncio. Pero Gustavo Petro también sabe que Colombia posee una muy sólida democracia, la cual fue fortalecida con la constitución de 1991, para blindar al país ante eventuales casos de gobernantes disfrazados de protectores de comunidades marginales, intenten pisotear y mancillar el estado social de derecho y, de paso, la propia democracia; por lo que, si bien la misma constitución autoriza la realización de la asamblea constituyente, es clara en establecer los mecanismos jurídicos, procedimentales y excepcionales para la misma. Este recurso no es viable para ocultar la improvisación, mediocridad y equivocaciones administrativas, políticas y jurídicas de Petro, pues son tan evidentes sus desaciertos, que es suficiente con mirar los casos de corrupción administrativa, siendo el de Olmedo López, el exdirector de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres, el más repudiable por sus consecuencias sociales; en la toma de decisiones Petro ha demostrado hasta el cansancio que actúa en contra de quienes piensan diferente a él, así sean de su propio gabinete ministerial o de sus asesores, la soberbia le impide adoptar posiciones razonables, es incapaz de concertar, cree que aceptar otras propuestas es señal de debilidad, por eso no escucha otros argumentos; únicamente lo que él cree es válido, Petro es Adanista pura sangre, solo lo que él piense, diga, haga o deje de hacer, es lo que cuenta, lo demás no existe; y lo más grave está convencido de que su mandato se tiene que extender varios periodos más, para continuar su labor “salvadora” cual Mesías, vituperado, pero dispuesto a todo por “su pueblo”. Es la más absoluta desconexión con la realidad.


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