Opinión / JUNIO 24 DE 2022

La cultura de la vida

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La embriaguez del triunfo del 19 de junio no nos puede obnubilar. La victoria de las ciudadanías libres, más allá de los condicionamientos de los gobernantes del Quindío, fue trascendente. 

Se abren múltiples tópicos de ilusión para todos, inclusive para quienes, como aquí, llegan tarde a los cambios. En nuestro departamento nos enteramos de las transformaciones universales, en general, después de varios decenios. Paquidermos que caminamos las montañas.

Iván Duque, el presidente, fue un desastre anunciado en el campo cultural: hibernamos. Nos congelamos en variables como el fortalecimiento institucional, el desarrollo de políticas culturales y, obvio, retrocedimos en el ámbito presupuestal.

Duque, además de nombrar inexpertos en ese ramo, personas ajenas al sector, se inventó una añagaza pérfida: la Economía Naranja.

Como burócrata profesional, ahíto de privilegios, sin conocer el campo cultural, solo desde la teorización de escritorio, trasladó más de $200.000 millones en el 2021 a la entelequia de la economía naranja. Si se contrasta este presupuesto con el general del ministerio, se dilucida el por qué las bolsas nacionales de concertación y estímulos en términos reales bajaron casi un 50 % en la mayoría de regiones, excepto en Antioquia y Bogotá.

El ministerio de Cultura debe estar en manos de un experto del sector que planee y ejecute con enfoque territorial y de una vez por todas deconstruya ese centralismo venenoso del aparataje cultural. 

Si ustedes miran cómo funciona el ministerio o el Banco de la República, en su área cultural, comprenden por qué los artistas y gestores de base, los de oficio, repelen el hegemónico centralismo de esos organismos. ¿Cuándo el Banco de la República, más allá de su defensa del patrimonio, entenderá que Colombia es diversa, creativa, pluriétnica y una nación de regiones?

El ministerio debe avanzar en el aumento del 0.57 % en el presupuesto general de la nación al primordial de un 3 %, para inversión, sugerido por la Unesco. Los $400.000 millones de 2022 deben incrementarse, en los próximos años, a $2.5 billones si queremos desarrollar la estética y la ética, en términos de belleza diversa y de ciudadanías formadas en un país que propugna la pacificación.

Es clave crear un Fondo Nacional para las expresiones artísticas, y reformar la ley general de cultura y la ley Naranja, para que aterrice la inversión en los municipios, en la ruralidad inclusive, y deje de ser una entelequia bancaria o un pasaporte expedido por politiqueros para los emprendimientos culturales.

En nuestro caso, acá, ya nos resignamos a la destrucción paulatina de la secretaría de Cultura, en manos de José Manuel Rodríguez Britto —con candidatura a una alcaldía—y Roberto Jairo Jaramillo y, sobre todo, por la sumisión de artistas y gestores culturales, ahora satélites acomodados de la gobernación.

Ahora, más que nunca, debemos abogar para que el ministerio de Cultura desate las fuerzas creativas de Colombia, en procura de estéticas plurales y de éticas restauradas. 

La cultura, tradicional, creativa y deliberante, si potencia la vida.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net