Opinión / JULIO 06 DE 2021

La primera línea

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En Colombia aflora el fenómeno social denominado también resistencia no ajeno a las movilizaciones en otras partes del mundo como Estados Unidos, Chile y Francia; aparece como vanguardia o defensa de las manifestaciones que vienen sucediendo desde 2019, por diversas y profundas causas históricas, sociológicas y económicas que es menester estudiar con atento cuidado.

A menudo sobresale la violencia hirsuta y peligrosa, no de los manifestantes pacíficos, sino de algunos focos de vándalos y delincuentes que pescan en río revuelto, aprovechando las primeras sombras de la noche que llega, generando graves daños a los bienes y las personas; allí no están los jóvenes que han integrado estos grupos, muchachos, generalmente, sin oportunidades, sin acceso a la educación, el progreso y la vida digna.

Los gobiernos sucesivos se han equivocado con las nuevas generaciones y no les han dado suficientes oportunidades de estudio y empleo a ese ejército de jóvenes que surgen de las barriadas: muchos no logran terminar su bachillerato, pocos tienen acceso a educación superior y las oportunidades del Sena o similares, son escasas; cuando logran concluir una carrera, enseguida les piden experiencia para trabajar que, claro, no tienen, y al día siguiente, el  Icetex los empieza a ahorcar con los cobros del auxilio educativo. Esa es la verdad. La historia demuestra que la mayoría de estos jóvenes sin oportunidad social, alimentan a los grupos delincuenciales, la guerrilla, el narcotráfico y muy pocos luchan por un puesto decoroso en el mundo. He mirado la cara de estos miembros de la llamada primera línea, y son jóvenes angustiados y con la convicción y la esperanza que este y los gobiernos siguientes, estructuren una verdadera política social, educativa y económica.

Es un quiebre mundial del capitalismo que está dejando profundas huellas de desigualdad, que se expresa en la crisis social, ahora con peligroso aumento gracias a la pandemia; pero en particular, la respuesta al empleo juvenil y a mejores oportunidades sociales, a la educación gratuita, la posibilidad de ocupar un puesto en la sociedad, constituye una obligación política inaplazable. Sin violencia, desde luego, pero sí con la decisión de atender sus justos reclamos. El diálogo es urgente —como ya se hizo en Cali— y a ello invito. Manos a la obra.

Álvaro Gómez Giraldo.

Registro con dolor la partida del valioso arquitecto javeriano, viajero incansable, amplio conocedor de la cultura, lector y gran profesional. Álvaro fue dueño de una memoria prodigiosa y ejerció su profesión con estética y profundo conocimiento; cosmopolita y amante de París —nuestra ciudad amada— que recorrió varias veces con pasión y elevado afecto por la urbe más bella del mundo. El Quindío y la arquitectura pierde un inmenso artista, su familia, Luis Fernando, Javier y sus  familias, a un hermano y un tío  entrañable.  Paz en su tumba.


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