Opinión / NOVIEMBRE 25 DE 2021

La soledad de la cultura

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Organizar un proceso cultural en el Quindío me ha dejado muchas cosas en las que pensar. Entre ellas, y una vez más, es necesario poner el foco en las miradas que tenemos sobre la cultura. Muy cierto es que hay palabras que andan de boca en boca y que al final no significan nada. Todos, todas hablamos de la indudable importancia de la cultura, de su rol fundamental en el restablecimiento del tejido social, pero algo muy distinto señalan nuestros actos sobre el asunto.

Una observación rápida revela: desde el plano político —entidades gubernamentales— que la cultura es la promesa para quien vota por el candidato de turno y que esta se valora desde la cantidad, desde el número de actividades realizadas. En el plano educativo, es la cultura entretenimiento y costumbrismo, un mecanismo para cambiar el mundo, es decir, se piensa desde lo utilitario. En el plano social, hay más tela para cortar.

Hace poco una antigua amiga, me preguntó en una carta que escribió para mis cumpleaños si ahora que dirigía un proyecto, mi corazón se mantenía humilde. Me sentí desconcertada. ¿Por qué mi posición frente al mundo debería volcarse hacia el orgullo tras organizar un evento cultural? Aquello tendría lugar si considerara el arte un instrumento de vanidad cuyo consumo me posicionara en un nivel superior al de los mortales. En ese caso, el arte sería un adorno que eleva el ego y erosiona el espíritu. También sería el terreno cultural un campo de farándula y exhibición.

No son aquellas razones de orgullo. No es la cultura el campo de disputa de egos, no son los eventos trinchera. Nada tiene que ver el arte con aquel tipo de frivolidades por muy humanas que sean, no son la literatura, la música o la pintura herramientas para el ascenso social. No son las artes un elemento utilitarista. Son la forma para llegar al conocimiento, son aquello que traza las fronteras y muestra las más profundas contradicciones del ser humano. Las artes guardan la memoria de una época, narran el sentido que una comunidad tiene del mundo, mantienen la información genética del espíritu humano, por eso leer, acercarse a una obra es comprender algo más sobre la especie cosa que si una la piensa bien, debería estar más cercana a comer o dormir, más a una necesidad menos a la gloria o el orgullo, a una vanidad.

Otro punto que no riñe con el anterior es que con frecuencia actuamos y nos entendemos como islas, por eso las actividades o eventos que tienen lugar casi nunca atienden a las necesidades de la comunidad sino a los intereses individuales que, por alguna extraña razón, suponemos que son los de todos. El resultado es que no hay procesos, solo ejercicios sueltos cuyo impacto podría ampliarse si se sumaran esfuerzos, si la cultura dejara de ser un ring de boxeo, un recurso para la politiquería y el arma de entretenimiento. No porque seamos un desastre como especie podemos justificarlo todo.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net