Opinión / MAYO 22 DE 2012

La tejedora de sombras

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  “Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar, pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.”
Churchill.

Carl Gustav Jung, médico siquiatra suizo, colaborador de Freud, a cuya teoría sobre el inconsciente personal, añadió la de un inconsciente colectivo, participa activamente en esta novela (1), premio Iberoamericano de narrativa Planeta -Casamérica 2012.

Traducido a 25 idiomas, Jorge Volpi utiliza su bien logrado lenguaje literario, para mirar alma adentro, examinar el fantasma que corroe y devasta al ser humano: la depresión.
Christiana Morgan, estudiante de arte en Harvard y después investigadora, lo dice en su diario: “... La depresión estacional, esa huidiza patología que me fue diagnosticada a los quince años, fue la responsable de mi inmersión en la psicología, el psicoanálisis, la psicología analítica, los desarreglos del cerebro, los sueños, las visiones, los tics, los lapsus, las fobias, las manías...”(pág. 35).

Christiana conoce en la universidad a Henry A. Murray, psicólogo y educador, con el cual vivirá un tórrido romance de 42 años. Pero su esposo es el hermano de Henry y Jorge Volpi narra escenas de ficción impecable, sobre dos personajes de la vida real que se amaron con exceso e intenso drama.

El recurso del diario sirve para insertar textos valiosos y conocer intimidades, como su respuesta a Jung, quien previamente le había solicitado que no se hundiera en su subconsciente: “Me incomoda descubrirme como una más de las lánguidas valquirias de Jung, ese tropel de mujeres ricas de todos los países que, para apaciguar su hastío y adormecer sus depresiones, peregrinan hasta este santuario, se sumergen en los baños, desayunan chocolate, realizan largos paseos por los alrededores...”(pág. 98).

El bajo mundo de la perversión persigue a los amantes, el tema in extremis lacera el corazón y la conciencia, el sufrimiento toca profundidades insondables; la gloria del cuerpo expresa después un esquema patético y surge el hastío, la caída: “Yo había bebido como ahora —como siempre—, como he bebido desde hace tantos años, mi rostro ensombrecido por las arrugas y el dolor de cuatro décadas, mis manos cubiertas de manchas, mis piernas varicosas, mis ojos con cataratas, el olor apolillado de mi ropa, el alcohol macerado en mi garganta.” (pág. 260).

Jorge Volpi entrega al público lector un mensaje que estremece. Recomiendo su lectura.


Carlos Fuentes

La muerte del notable escritor mejicano enluta las letras americanas. Hijo de diplomático y gran exponente del boom, sus obras perdurarán en la memoria de los lectores, como La región más Transparente y La muerte de Artemio Cruz. Se hizo merecedor a varios premios y su desaparición produjo dolor nacional en Méjico. Sus restos reposarán en París, al lado de sus hijos y cerca de la tumba de Jean-Paul Sartre, en el cementerio de Montparrnasse.
1) Jorge Volpi. La tejedora de sombras. Planeta. 275 páginas. 2012.

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