Opinión / DICIEMBRE 06 DE 2021

La vivienda, al tablero

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En los últimos días, se ha presentado en Bogotá una interesante controversia derivada en el proyecto del POT presentado al concejo por la alcaldesa de la capital, en el artículo 384 se establece un mínimo de 36 metros cuadrados como área mínima para las viviendas nuevas que se construyan en la ciudad.

El ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, le hizo duros reparos a esta iniciativa y dice que considera necesario revisar la restricción a las áreas mínimas de las viviendas VIS y VIP en la ciudad, dadas las consecuencias negativas que esta iniciativa podría tener. La mandataria bogotana, Claudia López, le respondió: “Yo quiero recordarle al señor ministro de Vivienda que el POT es de autonomía municipal, más adelante pediremos que la vivienda de interés social sea de por lo menos 42 m2”.

Esta medida provocaría el fin de los apartaestudios de 15, 20 y 25 m2 donde no cabe una salacomedor, una cocina, un baño y una alcoba; y evita que las familias de bajos ingresos las puedan adquirir, perdiendo así el subsidio de vivienda que se desviaría hacia estudiantes, ejecutivos y personas solas que no requieren de mayores espacios.

A la alcaldesa de Bogotá le sobran razones en este asunto de las áreas por la necesidad urgente de tantas familias de clases media y baja que requieren de vivienda con subsidio, asunto que ocurre no solo en la capital, sino en las demás ciudades y municipios del país.

Pero hay un tema en el cual se equivocó la mandataria al calificar de “mezquina” la actitud de los constructores, por críticas de Camacol al POT de Bogotá; dijo Claudia López: “Camacol debe entender que el POT no es para hacer negocios de constructores”.

El problema de la vivienda en Colombia ha estado en boga de comentaristas y columnistas de prensa en los últimos meses, como consecuencia, seguramente, de los inconvenientes derivados de la pandemia y el paro nacional: el aumento sorprendente en el valor del suelo urbano y la escasez de algunos insumos como el hierro, la cerámica y otros elementos, a la par con los altos precios, que inciden en los valores finales de venta, haciendo más difícil la adquisición de vivienda por parte de las familias de estratos 1, 2 y 3.

En el último informe, Camacol seccional Quindío señala que el Índice de Costos de Construcción de Vivienda – ICCV– para la ciudad de Armenia fue de 9.89 % al mes de septiembre. La oferta presenta una disminución de 38.1% en el presente año, siendo las unidades VIS las de mayor porcentaje en este retroceso.

El gobierno debe tomar medidas urgentes para el control de los valores del suelo urbano y el suministro permanente de los insumos, y la vigilancia de sus precios para evitar una posible crisis en la construcción y venta de vivienda para todos los estratos, al tiempo que reactiva la economía y aumenta la mano de obra del personal profesional y técnico que se dedica a estas labores.

Capítulo aparte merece la poca importancia que se le da a las invasiones por parte de las autoridades tanto municipales, departamentales y nacionales para ayudar a las familias que ocupan los cordones de miseria de las ciudades, al pie de ríos y quebradas en suelos deleznables con peligro latente de derrumbes.


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