Opinión / OCTUBRE 28 DE 2021

La voz del cañón caucano

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuando Colombia decidió emprender el viaje a la guerra, como si la muerte y la barbarie nos estuviera envolviendo en un manto siniestro de “lestrigones”, en “colérico Poseidón”, nos hacemos la pregunta:

¿Cuántos años debemos de esperar para que el camino sea corto y menos doloroso en esta absurda guerra?

Hoy, valientes mujeres como Isabel Cristina Zuleta, quien estuvo por estos días en el departamento del Quindío, nos dejó ver por unas horas, las mañanas del verano de una paz posible, donde desafortunadamente el dolor de la guerra queda estampado en los pañuelos blancos de lágrimas en impune dolor.

“Mi historia comenzó con la guerra siendo yo una adolescente de escasos 14 años, cuando debí salir desplazada de Ituango para evitar que los paramilitares me llevaran. En el pueblo ya se habían presentado casos de niñas que habían sido ‘mandadas a llamar’ por los comandantes y nunca habían regresado a sus casas”.

Esta aguerrida mujer realizó estudios de Sociología en la Universidad de Antioquia. Cuando culminaba su carrera, se vinculó con organizaciones de mujeres víctimas del conflicto armado. Con el pasar de los años llegó su indignación por la violación sistemática de los derechos humanos. Hizo que su voz se fundiera en el temple de la lucha por la defensa del territorio.

Siendo docente de la Universidad de Antioquia, la invitaron a un foro sobre quién construiría la hidroeléctrica Hidroituango.

“La postura general era la de proteger a EPM para que se quedara con el proyecto, sin importar las dilaciones que la misma empresa ponía para el inicio de las obras”.

Cuando de pronto aquella joven mujer protestó: 

“Un momentico... primero hay que discutir si se quiere el proyecto o no. Segundo, no lo debe discutir la gente de la ciudad sino la gente de mi pueblo, Ituango”.

Todavía nos detienen en los emporios de la violencia, cercenando la posibilidad de contemplar las hermosas montañas en el cañón del Bajo Cauca; donde la represa de Hidroituango se erige como la serpiente de las siete cabezas. 

Isabel Cristina enfrenta la hidra con su ciclónica voz de conciencia por la dignidad de un pueblo que se resiste a ser mercancía de la muerte.

Isabel: Eres fe de vida... brillo de sol en estampada madre naturaleza. 

Flor guerrera de la paz, 

Santa levadura de trigo.

¡Esplendor de la aurora!

¡Tus manos son los pétalos de la resistencia en la lucha organizada!

Tu rostro, acrisolado en la lucha de todas las mujeres juntas.

“Defendiendo la paz, el pan,

la tierra y el hijo”

“La Tierra es un planeta que está cubierto en su mayoría por agua. El agua hace parte del ciclo de la vida. En casi todas las culturas humanas a través de la historia se ha concebido a la misma como un elemento femenino”.

Hoy, su firme voz no solo retumba en el cañón del Cauca, también se siente en la conciencia de quienes luchan por la defensa de la naturaleza, la paz y la vida.


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