Opinión / JUNIO 10 DE 2021

Las bibliotecas y el futuro

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hace mucho que las bibliotecas públicas dejaron de ser simples depósitos de libros y lugares para ‘hacer tareas’. Sin embargo, la ceguera y la torpeza de algunos mandatarios y administradores de cultura les impiden reconocer el potencial de estos espacios para el desarrollo sociocultural de sus comunidades.

Con respecto al personal que debe llevar las riendas de las bibliotecas y acercar sus servicios a las comunidades hay situaciones que parecen inverosímiles, pero que son comunes en todos los territorios, especialmente en aquellos asediados por la politiquería y la corrupción: bibliotecarias de carrera que son consideradas ‘toderas’ dentro de la administración, o se convierten en una piedra en el zapato para los alcaldes por manifestar ideas políticas contrarias; bibliotecarias contratadas por prestación de servicios que son obligadas a ‘ponerse la camiseta’ y acudir a todo tipo de actividades ajenas a su competencia y responsabilidad, que deben pronunciar el nombre del alcalde en todas sus intervenciones o de lo contrario serán consideradas desagradecidas y verán el contrato en riesgo;  bibliotecarias sin equipo de trabajo para cubrir todos los servicios que contempla la ley de bibliotecas; promotores de lectura que no leen y cuyo único mérito es ser recomendados por equis concejal o diputado, etc.

El panorama es desalentador y sin embargo las bibliotecas sobreviven. Y sobreviven porque desde la antigüedad se han erigido en baluartes de la resistencia cultural y albergues de la memoria colectiva de los pueblos, trascendiendo los delirios y la incompetencia de los mandatarios de turno, y encarnando una institucionalidad verdaderamente democrática y popular, en el mejor y más amplio sentido. Sí, la biblioteca pública es —debe ser— la más popular de las instituciones culturales y a la que mayor atención se le debe prestar en estos momentos de crisis.

En este 2021 como Año Iberoamericano de las Bibliotecas se han propiciado diversos espacios de reflexión sobre el rol que estas cumplen y deberán cumplir en el futuro próximo, todo ello enmarcado en la Agenda 2030 de la ONU y la carrera por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Con una de las redes de bibliotecas públicas más ambiciosas y consistentes del continente, y una institucionalidad académica con la trayectoria de la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, Colombia tiene mucho que aportar en las discusiones y reflexiones al respecto.

Del lado de la ciudadanía, y fundamentalmente de los jóvenes que se han volcado a las calles a protestar por un mejor futuro, se precisa poner la mirada en las bibliotecas como aliadas fundamentales de la resistencia, pues hay que recordar que le pertenecen al pueblo, y no a los gobiernos. Se necesitan más bibliotecas populares reemplazando esos lugares de horror que son los CAI de la Policía, laboratorios ciudadanos en las bibliotecas públicas, jornadas comunitarias de lectura, escritura y oralidad para entender y dejar constancia del presente atroz, y lecturas públicas de los informes del Centro Nacional de Memoria Histórica para no olvidar quiénes son los artífices de la barbarie e impedir que nos sigan gobernando.    


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