Opinión / JUNIO 23 DE 2022

Límites a la tolerancia

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En una sociedad democrática la tolerancia es virtud máxima y una conquista frente a regímenes autoritarios y represivos. ¿Cómo pueden las democracias asumir la lucha contra los enemigos de la tolerancia? La pregunta surge cuando manifestaciones de odio ponen en entredicho la conciliación y la sana convivencia. ¿Cómo es posible que el odio, el resentimiento y la venganza tengan más peso y relevancia que el respeto a las ideas y a la libertad de pensamiento? La libertad tiene límites y la democracia su dimensión propia que nos lleva a preguntar qué entendemos por tolerancia, cuáles sus límites para nuestro momento histórico y según nuestras tradiciones. La tolerancia es un postulado moderno que aparece en el renacimiento cuando Europa se transforma por la reforma cristiana y el protestantismo al cuestionar la autoridad y el surgimiento de una contrarreforma religiosa violenta. 

La palabra latina tolerare significa respetar, soportar, apaciguar, calmar, aceptar, sin imposición ni violencia, ideas, opiniones, comportamientos que uno no comparte pero que hay que tolerar. Esta actitud no debe restringir la libertad del otro imponiendo a otros ideas en lo ético, social, religioso, político y filosófico. En cambio, se piensa la tolerancia como actitud que rechaza el oscurantismo y formas variadas de manipulación al utilizar la ignorancia para conservar privilegios, propiciando doctrinas extremas que envilecen y degradan la dignidad del ser humano. 

La intolerancia desvirtúa el principio democrático de respeto a las leyes y la independencia del poder ejecutivo con relación a otros poderes constitutivos de una democracia real como las ramas legislativas y las diversas cortes, independientes de los entes de control. Las sociedades democráticas se fundamentan sobre el pluralismo cultural aceptando la diversidad social, política, religiosa y sexual, que a su vez implica el respeto de las decisiones personales, la libertad de conciencia y de expresión. 

Para una mentalidad tolerante no es posible el racismo, la discriminación, la injusticia, la homofobia, las guerras o la desigualdad. Actitud justificada por las limitaciones del conocimiento; nadie es dueño de la verdad y tampoco es posible que haya criterios absolutos para juzgar la conducta y la forma de vida de otros. Por tanto, la tolerancia enfatiza el respeto a la vida y la coherencia en las convicciones porque no hay una norma absoluta, predominante, que envilece la dignidad de la persona en nombre de un poder que irrespeta derechos naturales irrenunciables. El Estado debe ser consciente de los límites de la tolerancia a pesar de los abusos que se hagan en su nombre, debe ser el marco de referencia para la aplicación de valores sociales que defienden la libertad, las creencias y las decisiones personales. 


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