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Opinión / DICIEMBRE 07 DE 2023

Lotocracia

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Dice Harari que aparte del mundo subjetivo de la conciencia y del objetivo que tiene origen fuera de ella, existe el mundo intersubjetivo que conecta la conciencia de muchos individuos. El de las creencias, las convenciones abstractas que a pesar de no pertenecer al mundo de los fenómenos físicos tiene un impacto enorme: la ley, el dinero, los dioses, las naciones, hacen parte de la imaginación de miles de personas y existen en la medida que todos creemos en esos mitos compartidos.

La democracia, una de las más extendidas y útiles ficciones, cimentada en otras como mayorías, representación, parlamento, contrato social, nación, soberanía popular o el Estado. Un tinglado de ficciones, de verdades a medias, suposiciones convencionales, amarras conceptuales necesarias en el proceso de consolidación de las instituciones.

Hace rato hay síntomas de fatiga democrática, escepticismo ciudadano por estos mecanismos, abstencionismo, percepción negativa de las elecciones y de la política en general, corrupción, etc. que inciden sobre la democracia representativa electoral. Si se trata de acabar con el reino de los políticos profesionales, se ha propuesto acudir al sistema griego de representación por sorteo. Se dice que la representación puede ser constituida por vías alternativas o complementarias a la elección mediante voto, de allí la necesidad de replantear atendiendo el potencial de mecanismos como el sorteo para elegir representantes.

Para fundamentar su propuesta Van Reybrouck recopila experiencias del pasado como la de Atenas y actuales  (Canadá, Islandia, Bélgica, etc.) en las que el sorteo se ha empleado para proceder a la selección de representantes. El autor de  “Contra las elecciones”  cree que iniciativas como los parlamentos en los que se emplea el sorteo, son la muestra de cómo la democracia representativa electoral puede ser enriquecida por formas de democracia representativa aleatoria.  

El libro pretende estimular la reflexión sobre la situación actual. La democracia constituye hoy un modelo de relaciones  verticales cuando estamos ante un mundo que demanda relaciones de carácter horizontal. Es decir, los sistemas decisorios actuales no se acoplan a un mundo hiperconectado y descentralizado que cada vez amplía la capacidad de toma de decisiones y de influencia de la ciudadanía.  El sorteo presenta una serie de ventajas para afrontar dos cuestiones básicas, por un lado, para frenar o poner límites a la corrupción política y, por otro lado, para contar con representantes que al menos gocen de total libertad e independencia en tanto que no  dependen de estructuras partidistas ni de grandes compañías de comunicación.

Van Reybrouck, defiende la relevancia de avanzar hacia lo que llama un modelo bi-representativo entendido como un sistema de “representación que se escoge tanto por medio de votación como por medio del sorteo”. Considera que solo así podremos extraer lo mejor de ambas formas, basadas, por un lado, en los políticos profesionales y, por otro, en los ciudadanos libres de cualquier necesidad de perpetuarse en el poder. 
 


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