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Opinión / ABRIL 15 DE 2024

Marchas…

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Recientemente pasó el 9 de abril, se conmemoró la muerte de un líder con formación integral, política, económica y científicamente. Hablaba de diferentes temas con autoridad, fruto de la formación de los años 20 en el mundo, donde todos los conocimientos cambiaban, o mejor desechaban los errores enseñados en el pasado.

Y viene a mi mente, el recuerdo histórico de las marchas. Ahora que están de moda las marchas, cobra vigencia la sentencia de Gaitán que aseguraba que ponen a pelear a los de abajo unos contra otros, mientras otros se benefician del poder. Demostraciones de fuerza que contaminadas muchas veces por financiación no representan realmente a la mayoría de los ciudadanos.

Ante la masacre por parte de organizaciones armadas y del gobierno, se hizo una marcha el 7 de febrero de 1948 con más de 50.000 personas, caminata que se denominó marcha del silencio, llegó hasta la plaza de Bolívar, donde el caudillo popular improvisó lo que se llamó oración por la paz, y comenzó así:

“Excelentísimo señor presidente de la República, doctor Mariano Ospina Pérez:

Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra excelencia sabiendo que interpreto el querer y la voluntad de esta inmensa multitud, que cobija su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo este silencio clamoroso, para pedir que haya piedad y tranquilidad para la patria.”

Hoy después de casi setenta años, se realizan marchas a favor y en contra de otros en un país que se ve desangrando a los suyos, con la inseguridad llegando a localidades que no sufrieron la ocupación o intervención de grupos armados. Territorios que sienten la ausencia y presencia del Estado, sometidos a decisiones de grupos que no representan la legitimidad ni los intereses de los habitantes.

Tirios y troyanos nos auguran una tragedia con la salud, y unos y otros se disparan argumentos, pero en últimas cuando ésta falle será a miles o millones de colombianos a quienes afectaran. Lo indicadores de desarrollo económico y la deuda (no fruto de este gobierno) aparecen como fantasmas que auguran un negro panorama para las finanzas estatales, que en ultimas son las que garantizan el desarrollo de la infraestructura necesaria para generar inversión y desarrollo económica que se irrigue en todos los ciudadanos, llámense empleo, emprenderismos, o ejercicio de la actividad privada o pública.

En los territorios se debería marchar para asegurar la tranquilidad pública, la seguridad, y la necesidad de defender cada territorio. Cada región es diferente y requiere de decisiones y actuaciones concretas. En un mundo convulsionado hoy, se debe pensar nuevamente en la defensa de los territorios y las naciones. Primero debe ser el trabajo para mejorar nuestro entorno local, luego regional, el nacional es un imperativo y luego ocuparnos del contexto internacional. Su asumimos las causas de los demás y nos enfrentamos por ello, sin tener una nación en desarrollo, solo seremos el objeto o territorio de una guerra que no es nuestra, y seguiremos perdiendo la interna.
 


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