Opinión / SEPTIEMBRE 15 DE 2020

Medida necesaria

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En la conferencia anual de la CAF el conocido economista —premio nobel— Joseph Stiglitz  solicitó la reestructuración de la deuda de los países con más afugias y, en algunos casos, la suspensión  de dicha deuda por un período establecido, mientras se normaliza la vida económica gravemente lesionada por la pandemia; es una solicitud con alta dosis de lógica pues en mayor o menor grado, la mayoría de naciones atraviesan serios problemas fiscales, y en el caso de Colombia el ingreso a la fecha de la Dian vía impuestos, comporta una rebaja de un poco más del 20 %, comparado con el año pasado. Algo similar debería ocurrir en la relación de los particulares con los bancos, cuyo papel en la mayoría de ellos, porque hay honrosas excepciones, ha sido francamente insólito y en casos inhumano, a pesar de la honda dificultad que ha producido la pandemia en las finanzas personales y de las empresas.

Los bancos no son entidades de beneficencia y eso lo tiene claro todo el mundo, pero cierta laxitud y plazos adecuados como lo predica Stiglitz, serán indispensables para la reactivación económica y social que exige toda la estructura de la vida nacional.

Con un virus muy activo a pesar de su leve descenso y los rebrotes en distintos lugares del mundo, la reactivación debe hacerse con suma cautela, sin descuidar la puesta en marcha de los protocolos de autocuidado, en la forma y la constancia como lo informan día y noche las autoridades de salud; la fecha de primero de septiembre no es la partida para hacerlo todo: el virus está muy vivo y más bien merece toda la atención que requiere.

La anhelada vacuna no está lista para mañana y al tropiezo de la Universidad de Oxford se une la lacónica información de la OMS, de que podría masificarse en 2022, no hay claridad del momento de su aplicación, pero la noticia buena es que se trabaja con ahínco en muchos laboratorios de diferentes países. Cruzamos los dedos.

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Un momento difícil.

La muerte de Javier Ordóñez por los excesos ya conocidos, revive una peligrosa ola de anarquía y de vandalismo, producida en buena parte por ese inmenso sector de jóvenes sin futuro, sin trabajo y sin estudio, a la vera del camino, sin apoyo de nadie: es urgente identificarlos e intensificar programas de empleo y de ayuda sicosocial urgente. Además, los excesos producen réplicas de actos más graves como los daños en cosa ajena y las muertes de colombianos que siempre lamentamos. Los desbordes de autoridad no pueden existir en una sociedad civilizada y menos disparar a matar, como vi en un video. Le corresponde al presidente asumir las riendas.


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