Opinión / NOVIEMBRE 25 DE 2020

Mi hijo no quiere ir a la universidad

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Muchos jóvenes experimentan situaciones de desmotivación frente a su proyecto de vida, algunos pasan por momentos en los que no quieren ir a la universidad, no saben qué hacer en sus vidas y se encuentran completamente desorientados frente al proceso, en algunos casos es un proceso normal, en otros es una decisión, en ocasiones puede ser una alarma.

Cuando nuestro hijo llega al último año de secundaria, la mayoría de los padres esperamos que sigan su proceso sin parar, que tengan sueños y proyecciones, que sean exitosos y crezcan profesionalmente hasta volverse completamente independientes a nivel económico, afectivo y emocional. La cultura colombiana ha influido mucho en este aspecto, siempre pensamos que los proyectos de vida deben incluir el crecimiento profesional y tenemos en nuestra mente que la única forma de crecimiento es ser profesional y tener un trabajo exitoso.

Los jóvenes de hoy se encuentran en un proceso de cambio, donde se desligan de los paradigmas tradicionales, las profesiones emergentes hacen que los proyectos de vida cambien y se consoliden de forma diferente. Es muy común que un paciente adolescente me diga que quiere ser ‘youtuber’ o influenciador digital, que son profesiones que antes no teníamos y que a veces no tenemos ni idea cómo afrontar o qué decir.

Cuando vemos que esta postura de nuestro hijo hace parte de una decisión, lo encontramos muy seguro, ha investigado, tiene argumentos, como familia podríamos tener posiciones de apoyo haciéndole entender que aceptamos su proyecto, lo apoyamos y acompañamos, ya que lo que más nos interesa es su felicidad. Yo recomiendo en algunos casos esperar uno o dos semestres a que el joven esté más seguro de lo que quiere, tratar como padres de no volvernos cantaletosos ni presionar sobre las decisiones, intentar que se utilice este tiempo para realizar una actividad que lo acerque a su proyecto, realizar un intercambio en otro país o estudiar algún idioma.

Cuando la postura de los jóvenes hace parte de una respuesta emocional o conducta de evitación, vemos signos de alarma como: dice que no quiere estudiar por llevar la contraria, quiere ir en contra de las reglas, tiene una postura rebelde, es aislado, tiene irritabilidad, no tiene seguridad ni argumentos a la hora de referirse a su proyecto. Esto consolida una situación alarmante, ya que puede deberse a algunos síntomas de depresión o ansiedad, se debe tratar como familia con la ayuda de un profesional de la salud mental, se debe igualmente dar un apoyo constante al joven y entender que puede ser algo transitorio, no se puede presionar pero sí motivarlo a encontrar una actividad que le guste y donde se sienta feliz.


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