Opinión / MAYO 14 DE 2022

Miniensayos de Orlando Mejía (1)

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Este espléndido libro, teleidoscopio intelectual y erudito por sus compactas ideas y abundantes puntos de vista; por lo atrayente de su prosa metódica y las sugestivas correlaciones temáticas que en cada miniensayo compendia y despliega su autor, se publicó en Manizales, Ediciones el faquir ilustrado, diciembre 2021. Su título: Las enseñanzas de los sabios y otros miniensayos. “El microensayo es menor a las cinco cuartillas o dos mil palabras. Aborda una temática central con mínimas digresiones”, explica Orlando Mejía Rivera, para concertar algunas características formales del tipo de escritura que desarrolla en esta obra. Como en otras del vehemente ensayista, novelista y médico manizalita en cualquier cuestión que este aborda prevalido de su estilo penetrante, investigador y docto; académico en sentido vasto porque sus disertaciones críticas y su raciocinio de multifacéticas inferencias intelectuales y didácticas abarcan panoramas intelectuales más allá de la academia, también esta obra, recopilación de textos publicados entre 2011 y 2020 en Papel Salmón del diario La Patria, es una holística y estética macrovisión de la literatura y del hombre. En particular, de los libros. Del acto creador. Del introspectivo pero compartido proceso lector que, con tales miniensayos, como los denomina Orlando de manera apropiada para caracterizar dicho modo expositivo, el escritor caldense prefigura un género conveniente para el siglo XXI. Cuarenta y siete miniensayos que conforman una fructífera crítica, plena de consideraciones desde cuya síntesis argumentativa se condena la cultura superflua de la imagología: “Vivimos en la época de los imagólogos”, confirma Mejía, para quien el utilitarista objetivo de estos y lo relacionado con cuanto impulsan, es “divertir, hipnotizar, simplificar”, gratificando las insaciables voracidades de “una sociedad banal, inmediatista y consumista”. El pensamiento de Walter Benjamin, impregna ideas y temas de cada miniensayo, evidenciando complacencias bibliográficas y búsquedas del escritor caldense; con reveladores detalles autobiográficos y satisfacciones intelectuales y físicas del autor dentro de temas como el cine, la filosofía, el arte occidental, lo poético oriental. Mejía, de manera tangente pero sin modestas reservas es, a la manera de Montaigne, también él, materia placentera o angustiada de su libro.  El lector, el crítico, el analista hábil para entrelazar y hacer visibles los entramados que pueden darse y a veces el lector no ve a simple vista, entre obras y autores de diversas épocas, diversos géneros literarios, culturas y personajes de la historia o la ficción, logra su propósito de señalar topografías íntimas del alma, los libros, las épocas y la presencia fugaz o perenne del ser humano entre la palabra y el pensamiento. Sostiene su idea del miniensayo acudiendo al texto de Monterroso que deslinda del microrrelato Fecundidad: “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea”. Al concluir el libro, deseamos conocer cuanto Orlando ha leído.
 


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