Opinión / MAYO 11 DE 2021

Movimientos sociales

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Los movimientos sociales y la protesta pública sacuden al mundo entero, por lo menos desde 2011(1) y hasta la fecha, no existió país, donde no se manifestara, una gran revuelta o un movimiento de masas; es una de las características de lo que va corrido de este siglo, con los llamados movimientos Facebook o de internet, que no reemplazan el movimiento de las masas, pero sí ayudan a propagar en forma inmediata, bien lo dice Geoffrey Players: “(…) a pesar del hecho de que internet es un espacio virtualmente global, su uso contribuyó de manera considerable a construir movimientos  nacionales y locales más que movilizaciones globales(…)”.

Es una realidad de la historia contemporánea en buena parte por la crisis del capitalismo salvaje, el declive de la democracia real, las medidas arbitrarias de los estados y en muchas naciones, el deprimente crecimiento de la inequidad y la pobreza extrema: un caldo de cultivo que explota aquí o allá y que exige, en mi sentir, lucidez extrema y conocimiento profundo de los diversos dirigentes, políticos y activistas, de las condiciones objetivas de cada nación.

En América Latina se combinan, además, los movimientos indígenas, campesinos —por las promesas incumplidas—, las causas sociales para alcanzar la verdadera democracia social, el movimiento estudiantil y de contera la violencia y la impunidad.

En Colombia no somos ajenos a las causas de los conflictos sociales, pero con algunos ingredientes particulares. Desde 2019 el gobierno Duque experimentó un paro nacional que manejó con  ligereza y que después amainó la aparición de la pandemia del virus Covid, pero las razones del inconformismo brotaron con fuerza y violencia en 2021.

No niego que el gobierno y el presidente Duque supieron manejar la pandemia y han llevado a buen puerto la vacunación, pero presentar una drástica reforma tributaria enardeció al pueblo y propició el desencadenamiento de un movimiento social casi sin precedentes; pero además se demoró en el retiro del proyecto y en dialogar con las distintas fuerzas y movimientos, demostrando —y no me alegro—  una insuficiente madurez de estadista y falta de tacto para reaccionar con premura, escuchar asesores y expresidentes, en fin, actuar  sin dilación para evitar el caos y la zozobra en el país.

Pequeños grupos de vándalos y delincuentes han enturbiado la buena marcha pacífica del movimiento social en Colombia, ocasionando daños cuantiosos en los bienes de los ciudadanos, apremiados por los sufrimientos de la pandemia. Esa situación no puede volver a ocurrir y al interior de los organizadores deben buscar mecanismos que aíslen y controlen a estos forajidos.

Al rechazar la absurda violencia y las muertes de jóvenes estudiantes o de policías, y los asesinos que disparan desde carros particulares, anhelo que impere el diálogo y la paz, para una patria civilizada.

1) Players, Geoffrey. Movimientos sociales en el siglo XXI. Clacso. Consejo Latinoamericano en Ciencias sociales.
 


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