Opinión / ENERO 14 DE 2022

Navidad con Timochenko 1

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Nunca imaginé que después de transcurridos más de 5 años de firmada la PAZ, el 26 de septiembre de 2016, viviría una Navidad al lado de uno de los hombres más buscados en la era de guerra, y más solicitado en la era de la PAZ, tanto nacional como internacionalmente. Así como suena, estimados lectores, pues el pasado 31 de diciembre, atendiendo una costumbre familiar de fin de año, mi esposa Luz Marina, mi hija Natalia y yo –mi hijo Julián se encuentra en los EE. UU.–, a eso de las 5 de la tarde, nos dirigíamos junto con otros familiares, a la casa de campo, de un pariente cercano, ubicado en un conjunto campestre, denominado La Samaria, un paradisíaco lugar cerca de Circasia, entre la vía que de este municipio conduce a Montenegro; al llegar al sitio, esperando que se abriera el acceso al conjunto, a través de la puerta automatizada, veíamos caminando con lentitud en su interior, por los verdes jardines del conjunto, a un hombre que aparentaba haber pasado los 55 años, a su lado un niño de escasos 3 o 4 años, aproximadamente, conduciendo un carro de plástico de esos que le dan los padres a los niños de esa edad, lo cual hacía bajo su tutela protectora, y muy cerca de él, pero a unos 10 metros, a otros 2 hombres, todos vestidos informalmente, pero siguiendo con detenimiento los pasos del primer hombre. Al franquear el paso en nuestro vehículo, saludamos con formalidad al primer hombre, sin saber de quién se trataba, y continuamos al lugar de parqueo; en ese momento el anfitrión y otro familiar, que ya se encontraban en el sitio, salieron a darnos la bienvenida, pero de inmediato también continuaron dirigiéndose hacia aquel hombre descrito inicialmente, ante lo cual yo también me uní a ese encuentro, antes de proceder a bajar del vehículo los menajes que traíamos para el encuentro con el año nuevo, y no sin antes preguntar en voz baja que de quien se trataba, me respondieron “es Timochenko”, respuesta sorpresiva, que me llegó pocos metros antes de encontrarnos con precitado personaje, razón por la cual no tuve tiempo de hacer más preguntas. Acto seguido, el anfitrión saludó al señor con un “Don Rodrigo bienvenido, le presento a unos familiares”. Dicho esto, nos dimos la mano como antes de la pandemia lo hacíamos, es decir, con un fuerte apretón de manos, no como ahora, con los codos o los puños. Invitado a seguir al interior de la vivienda, manifestó que en unos momentos pasaría, ante lo cual lo dejamos con el niño, que es su hijo y en compañía de los otros 2 hombres descritos, quienes ya conocido de quien se trataba el misterioso señor, no cabía duda que eran sus guardaespaldas. Nosotros seguimos hacia el interior de la vivienda de nuestro anfitrión y procedimos a saludar a los demás parientes que ya se encontraban en el sitio, ayudando a organizar las tareas del festival decembrino de fin de año. Entre nuestros menajes llevamos al encuentro para entretenimiento un juego de Rummy-Q-Travel  para 2 a 4 jugadores, con 106 fichas plásticas, 4  portafichas  con sus respectivos soportes, cuyo objetivo consiste en ser el primer jugador en poner sobre la mesa todas sus fichas, lo cual se logra organizando ternas, cuartas y escaleras. –Continuará–


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