Opinión / SEPTIEMBRE 03 DE 2022

Nuestro primer patrimonio

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Recuerdo que eran casi las 7:30 a. m. La cita con nuestro sueño era a las 8 a. m., por lo que disponíamos de unos minutos. Mi amiga, su familia –esposo y dos hijos- y yo; nos miramos, entre sonrisas nerviosas preguntamos: ¿qué hacemos mientras? Silencio. Luego, miramos alrededor e identificamos una cafetería abierta frente a la plaza principal. Seguíamos sonriendo y sin palabras asentimos a lo que pudo ser un pensamiento que surgió y se conectó en nuestras mentes con miradas. La luz del sol caía lateralmente –de derecha a izquierda- en la mesa del interior que elegimos para sentarnos, calentaba si quemar, era una mañana perfecta. Poco después una mujer se acercó a tomar nuestro pedido, recuerdo que al verla pensé: Es una mujer feliz, su sonrisa parecía dibujada en su rostro, su energía vital se armonizaba con el ambiente sin ser una más, ella caminaba como quien se siente plena y especial. Cuando la mujer llegó a nuestra mesa vio nuestros rostros que develaban la sensación que causaba el propósito de nuestra visita a ese territorio, antes de preguntar ¿qué queríamos?, dijo; más por cortesía -ella conocía la respuesta-: ¿vienen a volar? Sonrió. Al unísono y como si la pregunta permitiera desahogarnos al expresar con palabras algo al respecto, reímos y dijimos nerviosamente: sí. Entonces ella complementó: volar es muy bueno, mi novio vuela acá; ella nuevamente sonrió. Entonces comprendí que esa mujer era especial, esa mujer no era lo que hacía, esa mujer era como se sentía y esa emoción la impregnaba en cada cosa, haciéndola especial, era la razón de su felicidad, de su armonía, de su conexión con personas, cosas, acciones.

Y es que “cuando comenzamos a darnos cuenta que todos somos uno, comenzamos a ver una parte de nosotros en todas las partes del mundo que nos rodea”, sin trampas del ego, recordando que todo lo que hacemos pasa por nosotros y deja ver un poco de nosotros, es siembra de nuestra vida. -En la filosofía de calidad se propone la mejora continua, el redescubrimiento desde el inicio del ser humano para llegar a un trabajo bien hecho y sus consecuencias sociales positivas; en la Gestión de la calidad total, TQM sigla en inglés, se crea conciencia de calidad en cada proceso de la organización siendo usada en sectores: manufactura, educación, gobierno e industrias de servicios, involucrando a la empresa y a las personas que trabajan en ella con calidad en: liderazgo, tecnología y compromiso de la organización… eso fue lo que vivimos con esa mujer esos minutos aquel día-. Eso es lo que según estudios de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío nos hace especiales como territorio, nuestro don de gente, ser querendones, cariñosos, amables, comprometidos; esa identidad que hace parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial, ese intangible que deja huella en corazones y mentes, que trasciende fronteras. El mes de septiembre se reconoce como el mes del patrimonio cultural. En este mes del patrimonio cultural, hablar sobre nuestro primer patrimonio –nuestra mente, cuerpo y alma-, podría ser punto de partida para comprender varios entornos, varias orillas del patrimonio cultural; más sabiendo que se relaciona directamente con nuestro Core business –nuestro corazón- territorial. 

“Una persona entusiasmada, con un proyecto, feliz, acompañada de personas que creen en ella es mucho más inteligente, creativa, emprendedora, activa. La misma persona sin el estado de ánimo adecuado, no importa si es capaz o no, no ejercitará esas capacidades porque las tiene abolidas”. 

En el presente se sabe “que en la zona prefrontal izquierda encima del ojo izquierdo y detrás del hueso frontal, es la sede anatómica de las emociones positivas. Y se sabe que es una zona entrenable, al entrenar esta zona es posible gestionar el miedo, las esperanzas”, las habilidades blandas que son a veces, más duras. Para entrenar esta zona se recomienda: “1. Buscar el lado positivo de las cosas sin perder el pensamiento crítico… conocer lo feo y vivir en lo hermoso. 2. Sonreír. Con el uso de la resonancia funcional magnética que es una técnica de neuroimagen se puede ver que cuando una persona sonríe esa zona del cerebro se activa”. Si bien hay diferentes clases de sonrisas, se sabe que incluso forzar la sonrisa genera consecuencias positivas en nuestro organismo y en el organismo de los demás. 

Hoy la invitación es a cuidar, a autoconocer nuestro primer patrimonio: mente, cuerpo y alma. La invitación es a sonreír. Te invitamos a conferir conocimiento vivo, a compartir esta columna. Agradecimiento a Joe Dispenza, Wayne Dyer, Genichi Taguchi, W. Edwards Deming, Joseph Juran, Mario Alonso Puig, Manuel Alonso Inclán, Marcela Díaz Aguillón, Juan Díaz Aguillón, Mercedes Aguillón Santamaria, Harvard Business Review. 


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