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Opinión / FEBRERO 12 DE 2024

Nuevo modelo: liderazgo colectivo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El liderazgo practicado en cada una de las actividades del ser humano se está transformando. Así como en la evolución de cualquier especie en donde esta debe ser capaz de sobrevivir, el liderazgo se adapta a las nuevas condiciones y a su razón de ser.

En un estilo de liderazgo colectivo todos los integrantes del equipo deben estar empoderados para cumplir los objetivos con un alto desempeño. De tal forma, que solo al estar debidamente coordinados alcancen el triunfo como un logro grupal, con total independencia de quien ostente el mando dentro de la unidad.

Generalmente, en las organizaciones se ha pensado que el liderazgo debe ser ejercido por el individuo con mayor rango o cargo y con unas habilidades específicas para conseguir el éxito de la organización, y de paso alcanzar que los demás le sigan. Sin lugar a dudas en el ejercicio y práctica del liderazgo sucede así, no obstante cabe la posibilidad de explorar otros métodos. 

Por ejemplo, en un conjunto deportivo no debería existir un líder o un capitán único durante el tiempo completo del encuentro; al aplicar el concepto de liderazgo colectivo quien tiene el balón en su poder lidera en ese momento, y por supuesto, cada jugador se obliga a comprender que durante el juego no podría hacer nada sin el apoyo de sus demás compañeros. 

En este caso, las organizaciones no están en la necesidad de contar o confiar en un solo líder como el encargado de orientar a su equipo hacia el cumplimiento de los objetivos. Aunque la mayoría de colectivos lo hacen, dejar la responsabilidad en manos de una sola persona es altamente riesgoso. 

En ciertas circunstancias de la vida se requiere y es necesario un líder en particular o natural, si bien solo aplica para situaciones específicas en las organizaciones, y para aquellos individuos que posean el don o se hayan entrenado para liderar y lograr mantener su orientación en el largo plazo  hasta alcanzar el éxito.

¿Qué ocurriría si falla? ¿Qué pasaría si perdiera el apoyo del conglomerado? ¿Qué sucedería si determinara desatender la misión? Las respuestas son múltiples y válidas. En estos escenarios son evidentes las diferencias entre el liderazgo individual y el colectivo, el primero es jerárquico y los líderes pautan los objetivos a seguir, mientras que en el liderazgo colectivo el grupo desarrolla el objetivo en un ambiente de responsabilidad compartida sin jerarquías.

Además, en el liderazgo individual no se prioriza de ninguna forma el bien común, se premia el individualismo contrario a lo que se practica en el liderazgo colectivo. En el individual existe una clara delimitación del poder entre líderes y seguidores, en el liderazgo colectivo la línea se desvanece. En el colectivo se estimula la formación de líderes y es prioridad el diálogo y el trabajo a puertas abiertas. 

En cada organización se debe ir cocinando a fuego lento un estilo propio de liderazgo y arraigarlo a su cultura organizacional como el conjunto de comportamientos que les permitirá producir los resultados que les indica su misionalidad.

La transición de un liderazgo individual a uno colectivo no requiere afán. Realizarlo improvisadamente y de forma azarosa es contraproducente. Lo imprescindible es encontrar el punto de “identidad creativa propia” que hará que la organización empiece a incrementar el nivel de su liderazgo compartido.


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