Opinión / AGOSTO 08 DE 2022

Nuevo paradigma

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Comienza este lunes, según la expectativa, un nuevo modelo de sociedad o un nuevo modelo de gobierno o simplemente el ensayo de un gobierno que salió de la oposición pregonando los errores de los anteriores y proponiendo el mejoramiento de la calidad de vida de todos los colombianos.

Entendiendo que la propuesta de la lucha contra la corrupción y del clientelismo, que combaten diariamente los colombianos, es un hecho en las labores y ejecutorias de este nuevo gobierno, quedan las ilusiones de muchos colombianos sobre el cambio de paradigma o paradigmas en los asuntos políticos de la nación. Se espera que queden atrás las denuncias a los funcionarios por hechos anómalos, por abusos de autoridad, que participación en las decisiones sea efectiva, que las medidas económicas beneficien a todos y al espíritu de la nación.

Así como los suizos se predican dueños de un modelo democrático ejemplar, aquí el nuevo gran maestre de las órdenes meritorias establecidas en las leyes deberá enfrentar una difícil realidad. Los experimentos aplicados en unos modelos similares en Latinoamérica al parecer no han logrado el mejoramiento de la vida de los ciudadanos, por el contrario, según la prensa y quienes han emigrado, no se ha logrado ese estado de bienestar esperado. Y otros, por el contrario, han terminado con la misma dosis de tiranía o desgobierno, o lo más criticable han cambiado los actores y el nombre de la teoría política, pero las prácticas son las mismas execrables o peores de los regímenes llenos de injusticia e inequidad.

No será fácil cumplir el compromiso asumido, navegando en un mar picado por los vientos de la depresión, con altos niveles de inequidad e injusticia, con un congreso que se demeritó por sus prácticas, pero  donde se avizora que la mayoría son los mismos y ahora están al lado del gobierno, con un alto endeudamiento de la patria, con innumerables actores armados con disímiles intereses, con una geografía plagada de islas donde mandan las armas y los intereses ilícitos, pero sobre todo con una expectativa inmensa en que podemos mejorar el país.

No hay que olvidar que la mitad de los colombianos en el país y fuera de él, no creyeron en la propuesta que inicia su ejercicio de dirigir esta tierra, que muchos todavía piensan en el despojo y la anarquía como realidad futura, fruto del enfrentamiento entre hermanos nuevamente, y existe escepticismo con el éxito de ejecución de acciones para todos y no para algunos solamente.

Sin escuchar el discurso del presidente, aspiro que los ánimos más pesimistas al menos den tregua para probar el primer bocado de aire libertario de las viejas prácticas en esta regencia.

Todo cambio tiene como finalidad mejorar, y en este caso es mejorar y entregar mayor bienestar a los colombianos. Solo resta decir sin saber que expresó ayer el presidente, como la mayoría de opinadores, que ojalá le vaya bien a este gobierno para que le vaya bien a toda Colombia.
 


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