Opinión / SEPTIEMBRE 20 DE 2021

Nuevo santoral colombiano

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Canta el poeta Silvio Rodríguez, en su hermosa Canción del elegido, “lo hermoso nos cuesta la vida, Lo horrible se aprende enseguida”. Un tenebroso sector colombiano aprendió pronto lo horrible de la práctica humana, entre ellas la producción masiva de santos. La congregación para la causa de los santos, en la curia romana, no solo produjo en masa, sino que elevó a los altares a Karol Wojtyla, protector de pedófilos y pederastas. En Macondo hemos aprendido lo horrible, y se ha hecho cotidiano el endiosamiento del mal.  Aprendimos a santificar el asesinato del opositor, santificamos a los que se roban la salud, vivienda y educación, veneramos a los defraudadores electorales. Son muchos los ejemplos que le dan la razón al poeta cubano. 

En Macondo, el Congreso de la República se convirtió en la congregación colombiana para la causa de los santos, agregando al santoral, unos santos criollos, que juntos forman un cartel, y en vez de basílica, tienen el Congreso como santuario. Mirando los debates, sobre las mociones de censura en el Congreso de la República, y los intentos de personas decentes de llevar a la justicia a ciertos personajes, vemos que estos fueron santificados en vida. El caso más reciente, es el de una ministra quien después de la moción de censura, salió convertida en la santa patrona de los asaltantes a la ilusión de los campesinos de tener conectividad en internet. Anteriormente, unos ministros de la defensa salieron de la moción de censura, convertidos en santos patronos de los bombarderos de niños y de los defensores del abuso policial. Un nefasto fiscal, quien no tiene hoja de vida sino un prontuario, después del debate de control político que le hicieron por su participación en Odebrecht, quedó convertido en el santo de las trapisondas y los montajes judiciales. Un caso muy recordado en este nuevo santoral es el de un alguien que tomó irregularmente más de nueve mil millones de pesos en acciones de invercolsa, haciéndose pasar como trabajador de la empresa, la congregación para la causa de los santos criollos, lo convirtió en el santo defensor de los accionistas tramposos, y hoy dicta catedra de moral en emisoras colombianas.

Los medios de comunicación elevaron a los altares a dos aspirantes a la Presidencia de la República. El mérito de uno es no comprometerse con nada, santo de los tibios, y el otro, tiene como mérito querer que lo viejos se mueran a los ochenta años para que no sean carga para el Estado, santo del neoliberalismo. El santo de santos, el gran santo, elevado a la misma altura del santísimo, su tipo de sangre es F positivo, es el santo del Aro, patrono de los falsos testigos. En este santoral criollo figuran el grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles y el cura de las dos biblias, protegido por la iglesia antioqueña. Llegó la hora de cerrar nuestra fábrica santos.  

Buen divertimento será agregarle santos a este santoral, e identificar a los anteriores.


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