Opinión / SEPTIEMBRE 27 DE 2021

Pacto y bloque histórico I

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La propuesta de pacto histórico de una coalición de fuerzas políticas lanzada el 11 de febrero del 2021 con el propósito de ganar la mayoría en el Congreso y la presidencia de la República, evoca la intención de construir un nuevo bloque histórico que cambie los destinos de la nación colombiana. Sus proponentes no dejan claro aún la esencia y los actores de ese cambio, pero es útil recordar el origen de esta categoría que nos recuerda el pensamiento de Gramsci. 

 El pensador italiano Antonio Gramsci desarrolló la categoría de Bloque Histórico como una herramienta comprensiva que permitiera explicar las relaciones de hegemonía, dominación y dirección de la sociedad por una alianza entre clases, grupos, instituciones que ejercen el poder jurídico, ideológico, político, y coercitivo a instancias de la constelación de organismos que conforman el Estado.

Gramsci desarrolla esta categoría utilizando 3 conceptos: Sociedad Civil, Sociedad Política y Estado. En este primer escrito haremos una apretada descripción del primer concepto. La sociedad civil son las relaciones económicas entre productores y consumidores, las organizaciones privadas y las formas de pensar, sentir y actuar de los pueblos bajo la hegemonía cultural del bloque dominante; legitiman su dominio con la idea central de que sus intereses de bloque coinciden con los intereses del conjunto de toda la sociedad a instancias de instituciones y estructuras tradicionales que difunden la visión del orden social vigente.

 Estas son algunas de las instituciones mencionadas por el pensador: las iglesias que se otorgan la misión de asumir la tutela moral de la población, las religiones predominantes convocan a la resignación, el amor al prójimo, la igualdad biológica que nos da el ser hijos de Dios, sustentan la idea que los sentimientos humanos y la inteligencia se nutren de la capacidad creadora de la fe y no de la capacidad creadora de la conciencia, proclaman que los sufrimientos en el mundo terrenal ocasionados por los desequilibrios sociales, serán compensados en el mundo celestial.

La educación, las artes y la intelectualidad orgánica del Estado como depositaria de la lengua nacional se le asigna la misión de legitimar la creencia de que las relaciones sociales en la cual hemos nacido son naturales, racionales y justas y que los conflictos se resuelven dentro del marco institucional de un Estado neutro que administra el bien general por encima de los intereses particulares y que los cambios deben hacerse en una paciente gradualidad incremental.

Los medios de comunicación, la prensa, la TV, la radio, las redes imponen la agenda en el imaginario colectivo del mundo de la vida cotidiana, generando en la opinión pública la aceptación de las asimetrías de poder en favor de los grupos beneficiarios del modelo económico y el régimen político. Gramsci, advierte que en la dinámica de los conflictos dentro del campo de la sociedad civil, el bloque de las elites dominantes no mantiene un control totalmente hegemónico por su incapacidad de dar salidas a las demandas sociales, la incoherencia de sus voceros y la poderosa influencia de los intereses privados por encima del interés del conjunto de la sociedad. Continuará...


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