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Opinión / JUNIO 11 DE 2024

País del Sagrado Corazón de Jesús

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Este es, sin lugar a dudas, un país de contradicciones a tal punto que, la religión y la espiritualidad no son la excepción; ayer se celebró la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, efeméride que sigue vigente entre los fieles católicos, aunque en 1994 la Corte Constitucional declaró inexequible la normativa por medio de la cual, se consagró Colombia al Corazón de Jesús, rompiendo así, una tradición de más de 100 años. La Alta Corte, precisó que, la consagración oficial a través de una norma, del país, al Corazón de Jesús, vulnera la libertad de cultos y la igualdad religiosa establecidas en la Constitución Política del 91. Sin embargo, es importante recordar que, la Corte Constitucional, en la misma sentencia confirmó que, el día alusivo al Sagrado Corazón de Jesús, seguirá siendo festivo y de descanso obligatorio, debido a que la norma que así lo dispuso fue declarada exequible por esa misma corte. Ahora bien, más allá de estas consideraciones que forman parte de la arquitectura jurídica; lo importante realmente es que, la consagración de un país al Sagrado Corazón de Jesús, implica un compromiso de los ciudadanos y sus gobernantes en la búsqueda constante de la paz, la justicia y la solidaridad; en acompañamiento de las instituciones educativas con el fomento de principios, valores, perdón, respeto y reconciliación. De igual forma, esa consagración representa el imperativo de la manifestación de la fe y la espiritualidad en la cotidianidad de las personas, para una convivencia armónica con base en los postulados cristianos, como una fuerza motora que impulsa y consolida cambios positivos en la nación, en un despertar de la solidaridad ciudadana, con prioridad del beneficio común, solidario y fraterno. No obstante, todo lo que simboliza la consagración de Colombia, al Sagrado Corazón de Jesús, como compromiso espiritual, infortunadamente persisten la violencia, los abusos de poder, la corrupción administrativa y la intolerancia en el país; evidenciando una creciente discrepancia entre la fe de muchos creyentes con sus acciones del día a día; esa incoherencia entre los principios religiosos y la conducta individual o en ocasiones colectiva, es lo que contribuye al creciente deterioro moral y ético de Colombia. En resumen, la consagración de un país al Sagrado Corazón de Jesús, debe entenderse como una invocación a la protección Divina y a la guía espiritual, para la acertada toma de decisiones en medio de situaciones adversas y de mayores desafíos, para que puedan buscar soluciones pacíficas a los conflictos que puedan surgir, en especial por parte de mandatarios, líderes populares y políticos, que son, quienes asumen la orientación de Colombia y sus unidades territoriales. Finalmente, es importante que, al margen de la religión que cada quien profese, entienda la importancia del respeto como parte fundamental en las relaciones humanas, para la construcción de un verdadero cambio social, con el fomento de una cultura de la tolerancia y entendimiento con los demás, con base en lo justo, igualitario y equitativo. Estos aspectos, más que una religión, es simplemente un estilo de vida, que puede ser determinante para una adecuada vida pública y privada. 
 


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