Opinión / ENERO 17 DE 2022

Planificación urbana

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El rápido crecimiento de nuestras ciudades, debido a fenómenos que giran en torno a la búsqueda de mejores oportunidades, a procesos de desplazamiento, a la falta de estímulos, a la desaceleración de los procesos productivos en las zonas rurales y a la búsqueda de mejorares servicios educativos y de salud, ha generado que en nuestro país el 81 % de su población resida en las zonas urbanas (Banco Mundial, 2020); lo que ha conllevado a que la producción de vivienda informal en nuestras ciudades se cuantifique, de acuerdo al Dane, en un 65%, frente a un 35% de producción de vivienda formal.

Estos procesos de crecimiento poblacional traen consigo y en la mayoría de los casos, que un porcentaje importante de esta población que busca nuevas y mejores oportunidades, se ubique en predios no consolidados en las zonas urbanas y en otros casos en aquellas porciones del territorio que se encuentran catalogados como zonas de protección ambiental, o como áreas susceptibles a riesgo, adquiriendo de inmediato condiciones de vulnerabilidad.

El municipio de Armenia no ha sido ajeno a estos fenómenos, lo cual evidencia Ocampo y Ocampo (2021) a través de la investigación Espacialidades urbanas informales en Armenia (UGCA, Grupo de Investigación Territorio y Arquitectura Sustentable), señalando que existen 67 asentamientos informales presentes en la ciudad, ocupando un área de 42.01 ha, de las cuales 15.52 ha se encuentran en zonas de riesgo.

Este escenario debe considerarse de manera urgente dentro de la agenda del desarrollo de la ciudad, obviamente dentro de lo reglamentado por el POT y sus diversos instrumentos, propendiendo por una solución paulatina y organizada de la ciudad, diseñando e implementando desde los ámbitos de la gestión inmobiliaria y del suelo, los instrumentos de gestión y financiación necesarios que permitan reinvertir de manera eficaz los recursos para disminuir la presión sobre las zonas de riesgo ya señaladas y proceder también a la formalización de los asentamientos que se encuentran por fuera de estas.

Por ello la planificación urbana debe ser considerada como la oportunidad para alcanzar una ciudad con mayores índices de formalidad en sus diferentes actividades, dinámicas y usos, incluyendo, por supuesto, la vivienda digna en un hábitat seguro, que permita sentir a sus habitantes que hacen parte de una comunidad incluyente e igualitaria, que brinda oportunidades para construir su proyecto de vida y aportar a la consolidación de una comunidad con esperanza en un mejor futuro.


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