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Opinión / ABRIL 21 DE 2024

Prohibir

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Prohibido desperdiciar agua, prohibido consumir sustancias sicoactivas cerca o dentro de instituciones educativas, prohibido conducir un vehículo automotor después de haber ingerido licor, prohibido hacer plagio, prohibido hacer quemas, prohibido colarse en el transporte público, prohibido adelantar por la derecha, prohibido… Solo pareciera quedar una ruta: prohibir, aunque también sea estéril. El autocontrol, el sentido común y la pedagogía es cada vez más, qué pesar, privilegio de pocos.

Usar racionalmente el agua no debiera, ni siquiera, insinuarse. Acaso hay alguna duda sobre la obligación de cuidar lo que nos da la vida. Insiste la especie más evolucionada del planeta en comportamientos contrarios a la sana convivencia, como queriendo acelerar una nueva extinción masiva. Tocamos fondo, pero no parece importar. Es tal el desespero que, incluso, la cabeza del poder ejecutivo acude a decretos populistas e inanes como el de un día cívico dizque para generar conciencia sobre el cuidado del agua. Qué horror.

La cotidianidad se llenó de letreros prohibicionistas. Con el paso de los días hay menos insistencia en la pedagogía en casa y más afán de publicar normas prohibicionistas, acompañadas de sanciones pecuniarias. Pero es entendible, no fue posible por la vía del diálogo. A las personas, a la gran mayoría, hay que adornarles los jardines con letreros que dicen: prohibido arrancar las flores, prohibido pisar el jardín, prohibido hacer del parque un sanitario de mascotas, prohibido pegar letreros en los árboles.

En las bibliotecas hay que poner un gran letrero de prohibido hacer ruido, en la vía pública hay más señales viales prohibicionistas que informativas: prohibido parquear, prohibido adelantar, prohibido descargar y cargar, prohibido pitar, prohibido sobrepasar los límites de velocidad. En la casa, prohibirles a los hijos se volvió norma y enseñar una eventualidad. Lo más preocupante es que el prohibido tampoco está prohibiendo nada y por rebeldía o negligencia la torpeza humana se empezó a normalizar.

Prohibido el uso de celular mientras conduce, prohibido pegar afiches en monumentos, prohibido fumar en recintos cerrados, prohibido arrojar basuras, prohibido el tráfico de animales, prohibido llevar niños en el asiento delantero, prohibido recoger y dejar pasajeros, prohibido pasar, prohibido ingresar armas, prohibido cazar, prohibido pasar, prohibido pegar chicles, prohibido hacer fogatas. Debe ser que no había claridad sobre lo perjudicial e incluso criminal que resultan muchas de estas acciones.

Prohibir y castigar, antes que educar y conservar. Crece la lista de hogares en los que los adultos renunciaron a formar en valores y normalizaron los malos modales de los más pequeños, por eso, en escuelas, colegios y universidades antes que maestros, a los docentes les toca ser padres. Lástima, haber descuidado la educación en casa trajo como consecuencia el prohibicionismo estatal y social, que tanta incomodidad y rebeldía produce y tan pocas soluciones aporta.


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