Opinión / SEPTIEMBRE 22 DE 2022

Protagonistas de la paz

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El 22 de agosto de 2014, un grupo de militares y policías activos fue enviado a La Habana, Cuba, para integrar (por primera vez en los procesos de paz colombianos con una organización insurgente) una Subcomisión Técnica para el Fin del Conflicto (STFC), la cual, según el mandato encomendado, se encargaría de contribuir en el análisis de experiencias y la generación y discusión de iniciativas y propuestas para diseñar el modelo de cese al fuego y dejación de las armas de las FARC. 

La propuesta era innovadora, pero arriesgada. Dicha participación fue blanco de todo tipo de críticas. Algunos señalaron que los uniformados ‘deliberarían’ y que les estaba prohibido constitucionalmente; nada más distante de la realidad, puesto que toda interacción giró en torno de lo técnico. Dos años después, la STFC le entregaría al país un número determinado de zonas de acantonamiento para los miembros de la insurgencia y un mecanismo de monitoreo único en la historia de los procesos de desarme, desmovilización y reintegración en el mundo.

Sin embargo, este ejercicio no estuvo exento de discusiones intensas. En varios encuentros, las FARC solicitaron más de 78 zonas de acantonamiento, con extensiones superiores a 2500 kilómetros cuadrados (zonas de 50 x 50 Km2); algo desproporcionado según los uniformados, quienes insistían en que fueran 7 zonas de un kilómetro cuadrado. Dicho de otra manera, la exigencia de los insurgentes cubría una extensión que alcanzaba 4.6 veces la llamada ‘zona de distensión’ del Caguán; algo impensable por las consecuencias nefastas que provocó tal decisión en el gobierno Pastrana. Al final, se definieron 26 zonas de acantonamiento que correspondían a algo menos del 1 % de la del Caguán (Castaño y Mezú, 2022)1.

El resultado final de este proceso, que involucró a uniformados activos de las Fuerzas Militares de Colombia y la Policía Nacional con las FARC, fue la estructuración de un modelo admirado y estudiado ampliamente por expertos en el mundo, el cual representaba, aproximadamente, el 30 % de todo el documento relacionado con el proceso de paz; a su vez, esto dejó varios puntos de enseñanza acerca del aporte de militares y policías activos en escenarios de resolución de conflictos vedados históricamente para ellos.

El rol de los miembros de las FF.AA., aunque técnico, terminó irradiando celeridad a la negociación. Mientras la mesa principal (conformada por plenipotenciarios  Gobierno - Farc) se ‘estancaba entre puntos y comas’, en la STFC, militares y guerrilleros avanzaban para llegar a acuerdos que culminaron con un modelo único en su clase replicable en procesos de paz nacionales e internacionales futuros. 

Tomar la decisión de incorporar oficiales activos fue un acierto verdadero. Poco se ha escrito acerca del papel que tuvieron en la negociación, pero (según observadores nacionales e internacionales) el encuentro cara a cara entre ‘enemigos históricos’ fue fundamental para el proceso. La participación de los uniformados ofreció varias lecciones, por cuanto (además de ser protagonistas de la paz) fueron un ejemplo de reconciliación como nunca se había visto. 

1 Castaño, C. y Mezú, R. (2022). El papel de los militares activos en las negociaciones en La Habana. Revista Fuerzas Armadas. Ed. 260. 


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