Opinión / OCTUBRE 19 DE 2021

Rebelión de las masas en el contexto actual

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Hace 91 años se publicó por primera vez la Rebelión de las Masas, de José Ortega y Gasset, aunque la obra fue escrita y publicada en tiempos del naciente fascismo de Benito Mussolini, en Italia, a finales de la Revolución de Octubre, en Rusia, y de intensos brotes de inconformismo social en España; curiosamente el autor parece que describiera la realidad política y social que viven hoy muchos países y, por supuesto, Colombia. Ortega y Gasset, se muestra sorprendido por los comportamientos de lo que él llama las masas, cree que para el hombre promedio, del común, no existen los principios en que se apoya la institucionalidad del Estado y que sostienen la estructura de la sociedad, poco le importan los valores fundamentales, como la tolerancia, el respeto y la solidaridad; bajo esa perspectiva es fácil entender que, cuando el hombre común, el ser ordinario, sin la debida preparación alcanza el poder político y económico se afectan las propias masas, se altera la dinámica del Estado y se distorsionan las estructuras económicas; a juicio del autor, las masas no pueden dirigir su propia existencia, y al no poder dirigirse ni ellos mismos, no deben dirigir la sociedad. Es por eso que, las palabras “masas”, “rebelión” y “poder”, no deben entenderse únicamente en el campo político, pues tienen aplicación en sectores como la religión, la economía y la democracia, entre otros, por lo que hablar entonces de masas y minorías, no necesariamente es hacer referencia a las clases sociales, sino diferenciar a quienes eligen el camino fácil, y los que prefieren la superación y la rectitud, aunque sean senderos más difíciles. Con base en ese comportamiento de la comunidad, los politiqueros entran en acción y aprovechan hábilmente las frustraciones, la desesperanza y la impotencia de las masas y les presentan programas sociales, barnizados de posibilidades de poder alcanzar mayores oportunidades, igualdad y equidad; pues saben bien que así reciben el respaldo con el voto para cargos de representación, son conscientes que la permanencia del poder reposa en la alianza comúnmente aceptada entre las bases populares y la dirigencia política a través de efímeras concesiones de poder, así han terminado dándole un valor económico a su voto. Esa distorsión del sentido de la democracia, ha despejado el camino a otros oportunistas politiqueros que se camuflan en algunos grupos de izquierda, para llevar a los sectores marginales el mensaje  difuso del “poder del pueblo” y para el “pueblo”, y lo que allí subyace  es la expropiación de tierras, fábricas, industrias y bienes a los más adinerados, supuestamente para mejorar las condiciones de vida de las masas; este populismo político, con el cual están manipulando a los electores actualmente y que hace presencia en varios países —Venezuela es suficiente ejemplo—, algunos prestigiosos políticos, aspirantes al congreso y a la presidencia lo están cimentado en Colombia, lo que es claramente perturbador para inversionistas, empresarios, industriales nacionales y extranjeros, y debe preocupar a todos los colombianos que gozamos de las libertades propias de un Estado social de Derecho. ¡Quedan avisados!      


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