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Opinión / MAYO 21 DE 2024

Repensar el día sin carro y sin moto

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Se cumple hoy en Armenia el primero de los dos días sin carro y sin moto, establecidos a través del acuerdo 260 de 2022, que busca darle un respiro al aire que se registra en la atmósfera de la ciudad. Es evidente que los traumatismos generados por la carencia de una adecuada y eficiente movilidad, es uno de los problemas que enfrenta el alcalde James Padilla García; de hecho, la ciudad registra una mortificante anarquía vehicular, en especial en algunos sectores dónde particulares y taxistas imponen su voluntad, ejercen un dominio caprichoso y absurdo; el ejemplo más visible y de mayor traumatismo lo podemos apreciar en la carrera 14 entre las calles primera y octava, una de las vías de mayor tráfico; justamente a la entrada de Unicentro, es donde se originan los trancones que abarcan el tramo entre el centro comercial Bolívar y la Universidad la Gran Colombia, durante la mayor parte del día y sin que hasta el momento los guardas de tránsito lo hayan podido controlar; igualmente sucede en otros puntos específicos de Armenia. Es claro que, el tráfico automotriz está desbordado, caótico, y que las vías son insuficientes para soportar el volumen de automotores en la ciudad; por eso Padilla García, le ha dado continuidad a la medida del día sin carro, la cual tiene cómo finalidad central mitigar el impacto ambiental producido por el material particulado de fuentes móviles como vehículos y motocicletas; ya que, la jornada busca crear conciencia ciudadana, mediante el fomento de practicas sustentables y amigables con el medio ambiente, al momento de movilizarse y en otras actividades laborales, productivas y hogareñas. Sin embargo, estas jornadas deben ser rigurosamente medidas, analizadas y estudiadas técnicamente, para poder establecer la utilidad o no de la misma, pues algunos expertos sostienen que, la medida termina siendo ineficaz, debido a que no se han identificado los valores pedagógicos, en relación con la efectividad y resultado de la medida; y probablemente tengan razón, de ser así, la equivocación puede estar en que, el impacto favorable para el medio ambiente, no es lo suficientemente contundente, en relación con las afectaciones producidas a las actividades económicas y sociales; adicionalmente las débiles o inexistentes alternativas de transporte público y particular asociadas a las energías limpias, no garantizan resultados sólidos. De ahí que, si el gobernante James Padilla García, quiere trascender más allá de lo anecdótico con las jornadas sin carro y sin moto, debe considerar la posibilidad de crear incentivos progresivos para aquellos que impulsen y fomenten la disminución de las fuentes contaminantes de todo tipo, y no solo las móviles; igualmente es necesario que incremente algunas restricciones y sanciones para quienes contaminan indiscriminadamente. En síntesis, el día sin carro y sin moto debe ser pensado sin sesgos, y de prevalecer, tiene que ser reinventado con incentivos reales para la comunidad en general, con alternativas sociales que mitiguen el impacto económico ocasionado a la actividad productiva que, claramente genera la jornada, debido a que muchos empleados y contratistas prefieren desarrollar los trabajos desde sus casas, apoyados en la virtualidad.  
 


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