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Opinión / ABRIL 24 DE 2024

Será Colombia toda

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Cuando en un acto de suprema torpeza e irresponsabilidad, los colombianos entregamos el poder ejecutivo a quien hoy abusa del mismo, amenazando a esta altura de su mandato, copar por tiempo indefinido la totalidad del Estado, arrasando con la institucionalidad, muy pocos fuimos conscientes de la dimensión del riesgo, de la enormidad del peligro, hoy materializado en directa agresión contra los fundamentos democráticos del país y su estabilidad en todos los órdenes. Los antecedentes delictivos, ideológicos, políticos, de comportamiento personal; su fracaso estrepitoso al frente de la alcaldía capitalina, con claras evidencias de corrupción, nada distinto al desastre actual permitían prever. Sin embargo, dejados de lado la sensatez y el buen juicio, Gustavo Petro resultó, por voluntad popular, ocupando el solio presidencial. Hoy, antes de cumplirse la mitad de su letal cuatrienio, perdido el apoyo de sus circunstanciales mayorías, cuando el rechazo a la persona del presidente, a sus políticas, a las alocadas reformas por él propuestas, a cuanto encarna en el plano ético, con cuestionamientos de fondo en todos los órdenes, cuando el país se ve inmerso en una profunda crisis, sin perspectivas de solución, la pregunta que ronda entre marchantes entusiastas, opositores pasivos, y crecientes arrepentidos, es: ¿cómo librarnos de esta pesadilla?

La respuesta desde luego y por suerte, no tiene por ahora nombre propio ni fórmulas mágicas. Todo, en el propósito de buscar alternativas a la catástrofe, está por hacerse. Si algo positivo pudiéramos hallar en medio de la incertidumbre reinante, es la clara posibilidad de reunirnos los colombianos alrededor de la identificación del problema, de la plena conciencia de su dimensión, y en la construcción de un camino de retorno a cauces racionales, civilizados y pragmáticos de convivencia en armonía social y consolidación económica.

Suena a utopía, pero en el fondo es el deseo expreso o tácito de nuestros compatriotas. Por desgracia, el discurso polarizante de la izquierda, que cala en sectores maleables, resentidos, de escasa formación y criterio, obra como catalizador de angustias, de frustraciones colectivas. Instalar en las masas la insalvable frontera entre ricos y pobres, entre propietarios y desposeídos, entre patrones y explotados; en tiempos recientes, entre minorías de género,étnicas, animalistas, etc., supuestamente discriminadas, despreciadas, versus resto del mundo, continúa siendo para la zurdamenta del mundo occidental el soporte de su discurso de odios, de división, sobre el cual insisten en erigir falsos paraísos igualitarios, sociedades de cucaña, inertes, dirigidas desde “arriba”, fracasos totales, irrefutables, en cuanto ensayo se ha intentado. 

Es el primer gran obstáculo a vencer. No obstante, las recientes experiencias de la vecindad continental, Cuba, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, sobre todas esta última, hoy en manos se la nueva derecha, de la derecha renovada en principios democráticos, enseñando cómo se rehace un país desde los desastres dejados por la izquierda, obrando como espejo, permiten, a quienes aún conservan algo de lucidez, comprender, evaluar nuestra propia realidad y trazar una corrección de rumbo. Pero, ¿es la sola observación de hechos externos la llave del “¡fuera Petro!”? No, no lo es. La clave, creo, es la “combinación de fuerzas y formas de lucha” que siempre ha planteado la izquierda como procedimiento de toma del poder en los países. 

Será la suma de la marcha y manifestación callejera, será el Congreso de Colombia, ejerciendo a plenitud sus funciones constitucionales, frenando reformas destructivas, aplicando control político al Gobierno y, lo más importante, asumiendo su papel de juez del presidente; será la justicia y su aparato institucional, adelantando investigaciones claves para develar y denunciar ante instancias competentes, delitos o graves infracciones del presidente y su círculo; serán los medios de información, impidiendo mordazas o aberraciones en su labor. En fin, será Colombia toda, unida tras el objetivo de barrer con el oprobio, con el latrocinio, con la ineptitud y desorientación ideológica de este régimen, quien podrá hallar la solución.
 


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