Opinión / OCTUBRE 19 DE 2010

Siempre  el olvido

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

 El gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, ha recibido  premios y homenajes por esta obra (1) que lleva varias ediciones,para sólo hablar del  tiraje que circula en  nuestro  país.
El libro  es uno de los mejores del autor y se puede afirmar que es una  de las  publicaciones más exitosas, después del llamado boom de la literatura del siglo pasado.

Abad  retiene al lector con un drama incesante que envuelve el más hermoso y descarnado homenaje a su padre sacrificado, con el completo retrato de su vida y la de su familia y el ambiente histórico de una patria chica con grandezas  y crímenes.
 Estoy aquí —dice  el autor— tan solo porque fui testigo cercano de una vida buena y porque quiero dejar testimonio de mi dolor y de mi rabia por la forma en que nos arrancaron esa vida. Un dolor sin atenuantes y una rabia sin expectativas. Un dolor que no pide ni busca consuelo y una rabia que no aspira a la venganza. (página 261)

Y, páginas atrás, al conocer la noticia, señaló:... Yo digo que no, que estoy bien, y cuelgo, pero en ese mismo instante recapacito y sé quien es el muerto, sin que lo hayan dicho. Si alguien está diciendo que mataron a Héctor Abad  fue porque mataron a alguien que se llama como yo. Me voy derecho a la oficina de mi mamá y le digo: “Creo que pasó lo peor”. (página 244) 

Lo peor será un estado de máximo sufrimiento, el asesinato en plena vía pública de Medellín, del afamado médico Héctor Abad Gómez, líder cívico e impulsor desde la universidad de Antioquia,de la salubridad pública, como un nuevo concepto de la labor médica y científica. 

Cómo se resuelve el desgarramiento interior, cómo se conjura la figura del padre, como dice el editor, cómo se podrá olvidar la sangre de un inocente   vertida por  la intolerancia extrema, he ahí, el más duro reto de  este inmenso libro, pieza maestra de amor filial y entrega total de un espíritu atormentado. 

Los años felices pasan irremediablemente y la narración mantiene su consistencia porque Abad no deja que el lector abandone la escena. Es necesario  mantener la mayor intensidad y, para tal efecto, el lector se sumerge, bañado en lágrimas, en lo bueno y lo malo de esa Antioquia legendaria.

 Con las coplas de don Jorge Manrique a la muerte de su padre, recuerda un verso universal  que nadie olvida: “Recuerde el alma dormida,/ avive el seso y despierte,/ contemplando/ como se pasa la vida,/ como se viene la muerte/ tan callando;/...
 Un exquisito poema de Borges, demostrado verazmente como propio, encontrado en el pantalón que llevaba puesto el  médico  Abad Gómez, enmarca majestuosamente esta obra, que recomiendo leer a quienes todavía  no han bebido de sus páginas maravillosas.

 “Ya somos el olvido que seremos./El polvo  elemental que nos ignora/ y que fue el rojo Adán, y que es ahora, todos los hombres y que no veremos/Ya  somos en la tumba las dos fechas/del principio  y el  término. La caja,/ la obscena corrupción y la mortaja,/ los triunfos de la muerte y las endechas./No soy el insensato que se aferra/ al mágico sonido de su nombre./ Pienso con esperanza en aquel hombre/ que no sabrá que fui sobre la tierra./ Bajo el indiferente azul del cielo/ esta meditación es un consuelo.”

 (1)Héctor Abad Faciolince. El olvido que seremos. Editorial PLaneta.2006.274 Págs.

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net