Opinión / OCTUBRE 13 DE 2021

Silencio inoportuno

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Tendrán que excusar la terca insistencia; pero tal como se perfilan presente y futuro inmediato en el amado hogar nacional, se requiere determinar con claridad las circunstancias contribuyentes del reciente antes y del ahora, en su ominoso panorama. No de otra manera podemos tener entera conciencia al momento de tomar decisiones y asumir posiciones colectivas sensatas, de cara a los próximos eventos electorales. 

En coyunturas históricas semejantes, otros países, sumidos en la confusión, en el desconcierto inducido por quienes buscan el caos como pie de apoyo de sus aspiraciones de poder, han optado por alternativas desesperadas, contrarias al buen juicio, cuyas consecuencias nefastas no cesan de infligir daño, desgracia y dolor, a colectivos nacionales en diferentes lugares del orbe. A la vista están, por una parte, la sucesión de tragedias sociales, de deterioro macroeconómico del país, con origen, claro, en la pandemia global; pero antes, en el irresponsable manejo de las finanzas públicas durante los varios años de derroche mermelero con cargo a la falsa paz que nos continúa fracturando y facturando. 

La pírrica “victoria” de un paro irracional, violento, con consignas de destrucción, que cobró la cabeza de un ministro, anuló un proyecto de reforma tributaria, y condenó a adherentes y opositores a alzas de precios en la canasta familiar e industrial por encima de las previstas por el gobierno, promovido por un excandidato y su grupo de asalto no resignados a su derrota en las urnas, nos sitúan en un plano de aprensión, de fundados temores, respecto al porvenir. Más que nunca considero como error colosal de Iván Duque, la omisión de un corte de cuentas público sobre el estado de la economía al momento de asumir su mandato. Su mal entendida decisión de renunciar al retrovisor, al juicio crítico deslindante con relación a su antecesor, colocó en la cuerda floja su propia gestión, antes de emprenderla. 

Si tres años atrás, a la Colombia hirviente de entusiasmo tras la derrota de la zurda corrosiva a manos de la democracia, se le hubiese expuesto con crudeza el real estado de las cifras macroeconómicas, de las finanzas estatales y sus amenazantes proyecciones, convocando las fuerzas vivas a una tarea de reconstrucción a partir del desastre legado por Santos, otro quizás, menos tétrico, sería nuestro presente colectivo. Duque desestimó las amenazas; ignoró que en política, no pueden hacerse concesiones gratuitas. Se entenderán por parte del adversario como muestra de debilidad, de resignación o derrota. 

“Nos vemos en la calle”, advertía entonces el subversivo de las chuspas y de los fajos de billetes. ¿Ingenuidad, mal cálculo, candor culposo? Sea cualquiera la razón de aquel presidencial silencio, muchos males ocasionó. ¿Será tarde a estas alturas rectificar el yerro? Presidente, haga cuanto esté a su alcance para enmendar la plana.
 


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