Opinión / NOVIEMBRE 24 DE 2022

Sin dramas, Pancho

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Las relaciones profesionales y las complicidades creativas, como las sentimentales, tienden a acabarse. Que todo se agota en las relaciones humanas es una verdad de Perogrullo, aunque los lazos hayan sido fuertes y las historias entrañables e intensas. Lo anterior viene a cuento por el revuelo que ha causado en las últimas semanas en el ámbito musical hispanoamericano el anuncio del guitarrista Pancho Varona de haber sido relevado de la próxima gira del cantautor español Joaquín Sabina, que comienza en febrero del próximo año en Latinoamérica.

Los fanáticos irrestrictos de Sabina saben que su cancionero y el encumbramiento como una de las figuras soberanas del pop-rock en castellano desde finales de los 70 son el resultado, por un lado, de su genialidad como compositor, pero también, y en buena medida, de la complicidad y aportes de amigos y creadores que han creído en la fuerza de su pluma, en el inigualable estilo como cantante y en su carisma dentro y fuera de los escenarios. La de Sabina ha sido una vida de excesos en todos los sentidos: la noche, los bares, las copas, las drogas y los amores efímeros están en la primera línea de sus aficiones. Todo ello ha sido motivo para la escritura de sus canciones y poemas, pero también le ha granjeado amarguras, enemistades y tropiezos de salud.

A esas debilidades non sanctas se les suma la amistad como el estandarte al que se ha aferrado en los buenos y malos momentos de su vida. Es fama que, durante una época de su carrera, ya célebre y adinerado, le entregaba llaves de su apartamento madrileño a los mejores amigos para que llegaran a comer, beber y dormir sin restricción alguna. De la profunda depresión en la que se vio sumido después del episodio cerebrovascular sufrido en 2001 se sobrepuso gracias al ánimo de sus amigos los poetas Luis García Montero −viudo de Almudena Grandes, otra de sus entrañables amigas− y Benjamín Prado, quienes lo convencieron de levantarse para volver a escribir y hacer música. Otros amigos “salvavidas” e inspiradores para Sabina fueron y han sido Gabriel García Márquez, Joan Manuel Serrat y el recién fallecido Pablo Milanés.

La ruptura con Pancho Varona se da después de cuarenta años de trasegar en los estudios y los escenarios. Compositor de la música y coautor de algunas de las letras más bellas de su cancionero, la de Varona se creía una presencia que acompañaría a Sabina hasta que decidiera poner punto final a su carrera. Pero el tiempo y los avatares del mundo artístico son impredecibles e infames.

Las especulaciones y el drama alrededor del caso Sabina-Varona son por supuesto más cuestión del periodismo del espectáculo, que se alimenta de la mala leche, el morbo y la podredumbre que circulan en las redes sociales. Sabina por fortuna no las usa, y tal vez, si en algún momento lo apuran para que explique por qué decidió prescindir de Pancho, responda a su mejor estilo: con una canción o con un soneto.


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