Opinión / AGOSTO 06 DE 2022

Solastalgia y escazú

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 A.  Néstor Jaime Ocampo, activista

Para fortuna de Colombia, Latinoamérica y la Tierra, ambas voces podremos armonizarlas con cuanto encarnan para nuestro planeta y la especie humana. El atractivo neologismo híbrido, latín-griego, solastalgia, concebido por el filósofo medioambiental australiano Glenn Albrecht, pionero del pensamiento transdisciplinario; y Escazú, vocablo indígena huetar que significa Piedra de descanso, se complementan esperanzadores en nuestro país. José Cemí, personaje de Paradiso, la majestuosa novela de Lezama Lima, se embriagaba pronunciando y examinando la palabra copta Tamiela.

Quisiera tener la sutileza semiótico-barroca de Lezama-Cemí para percibir las remembranzas, significados y cadencias de solastalgia. Hubiera entregado buena parte de mi poesía, y mi agradecimiento a la Tierra, y mis emociones de paseante por senderos montañosos del Quindío, por haber sido yo quien imaginara y creara tal vocablo. El

Tratado de Escazú será la confortable piedra de descanso para quienes aman y protegen la tierra. Solastalgia es “la sensación de abandono y tristeza causada por el impacto ambiental que acompaña a la contaminación masiva y desequilibrio ecológico que se ha producido por la acción destructiva del hombre”. Cambio climático. Sequías. Huracanes. Técnicas destructivas de minería. Monocultivos indiscriminados. Terremotos. Hambrunas. Devastación de selvas y bosques.

Áreas de pastoreo de ganado. Desaparición de especies. Extinción de glaciares. Construcciones urbanísticas desmedidas. Turismo depredador. Contemplarlos en cualquier lugar del planeta y en cualquier proporción, desborda de insondable solastalgia los sentidos y el alma. Por entre anchurosos sembradíos de aguacate Hass o eucaliptos, aquí en veredas calarqueñas no he hallado una mariposa, un colibrí, un tierno armadillo que me dialoguen de la benevolencia de tales horizontes. Quienes, frente a paisajes muertos, con la Tierra yerma y maltratada sientan el desgarrador estremecimiento de solastalgia, entenderán la importancia que para Colombia tendrá la ratificación del Tratado Internacional del Acuerdo de Escazú. “Que las comunidades accedan a información oportuna, comprensible y en igualdad de condiciones sobre procesos que puedan afectarlos y a sus territorios”.

No cabe la menor duda. Colombia, propietaria y custodia de ese inefable paraíso terrenal llamado Chiribiquete, con esta acertada medida asumirá significativo liderazgo mundial en lo concerniente a temas medioambientales. Solastalgia, del latín solacium, desconsuelo; y del griego algia, dolor. Precioso neologismo que utilizan académicos, ecólogos, antropólogos, sociólogos, psicólogos clínicos, medioambientalistas preservadores de nuestra madre Tierra, debe ser también elemento descriptivo del lenguaje de los poetas.

Palabra de chamanes modernos. Solastalgia cuando ya no tropezamos en los bosques con hadas, mancaritas, elfos, mohanes, duendes, patasolas, gnomos o lloronas. Afirma el maestro zen vietnamita, Tich Nhat Hanh: “Vivimos en este mundo, pero no lo vemos. Vivimos como sonámbulos. Despertar es, en primer lugar, despertar a la belleza de la Tierra”. El poeta y ensayista británico Wystan Auden, inventó la palabra Topofilia, que podemos sentirla como antónimo de solastalgia.


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