Opinión / JUNIO 07 DE 2021

Sonidos para la revolución

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hay murmullos que se entrañan en la piel, suaves y sutiles perturban o arrullan más allá de nuestros propios límites. Hay palabras habladas o cantadas pronunciadas en conversaciones privadas; a veces las “pensamos y sentimos que nos oyen” porque -bajo el principio de “Mente Maestra” podemos comunicarnos entre sí, acceder a conocimiento/información de personas vivas o muertas, ellas siguen con nosotros-; tal como los árboles se comunican entre sí a través de una red subterránea de micorrizas -mico: hongo, riza: raíz-; los árboles comparten recursos vitales e información ante posibles peligros, contribuyen al desarrollo, protección y crecimiento mutuo sean de la misma especie o no.

Hace más de 5.000 años la escala musical china estaba compuesta por 5 sonidos, a lo largo de los siglos desde distintas culturas se fueron incorporando nuevas notas hasta llegar a 12 sonidos. En 1895 Julián Carrillo, compositor mexicano, identificó 16 sonidos claramente diferenciables, con la exploración de estos microtonos dio origen al llamado sonido trece que abriría una gama nueva de sonidos musicales.

Según el autor, la música tiene sentido expresivo, anímico e imitativo; además de funciones objetiva, subjetiva, descriptiva, ambiental, expresiva, emotiva, gramatical, referencial, reflexiva y geográfica. En la actualidad se hace referencia a los paisajes sonoros como sonidos narrativos que nos cuentan, que hablan de nuestro entorno; según la ubicación de nuestra vivienda en la ciudad escuchamos el canto de los pájaros a las 6 a. m. o escuchamos su canto a las 4 a. m. si nuestra vivienda es rural, un momento excepcional que rompe el silencio y nos lleva a puntos suspensivos. El sonido de los autos nos describen la ciudad y sus habitantes, sus ritmos de vida, sus emociones.

Los seres humanos nacemos biológicamente predispuestos -a nivel general- a hablar y a escuchar. Hoy en día es fundamental educar, revolucionar la escucha, tener un cambio violento y radical sobre esos automatismos humanos. Priorizar la escucha activa con atención plena que comprometa la atención compartida, ir a ritmo con el otro que tenemos presente ya sea personal o virtualmente; la escucha como el habla son un baile, una daza confiada y tranquila que idealmente debe brindarse sin afanes estimulando nuestra memoria sensorial porque el sonido vibra, su vehículo es la materia y podemos sentirlo con nuestros oídos, con nuestra piel, dándonos la oportunidad de reconocer características del otro ser. El tono de nuestra voz se marca genéticamente, el tono de nuestra voz masculina o femenina se parece al de nuestro padre o madre, según corresponda. El 38 % de nuestra comunicación corresponde al tono, nuestra voz refleja la emoción, la emoción está vinculada al lenguaje corporal.

Mi árbol de la vida comparte recurso vital para protección, desarrollo y crecimiento emocional; siéntate recto durante cinco minutos, escucha con atención y presencia, presta atención a tus sensaciones al escuchar, sonríe –si es necesario finge-, sentirás la diferencia en tu energía. 

La diversidad cultural es a la especie humana como la diversidad natural a la naturaleza.


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