Opinión / AGOSTO 11 DE 2022

Subordinación y poder civil

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Uno de los rasgos más pronunciados de las Fuerzas Militares de Colombia ha sido su carácter civilista; es decir, la subordinación al poder civil. Aun cuando la influencia anticomunista estadounidense sirvió de marco legitimador para que los estamentos militares de otras naciones de América Latina asumieran directamente el poder, al menos dos factores incidieron para que, en Colombia, las Fuerzas Militares se mantuvieran subordinadas al poder civil y, por lo tanto, para que tal influencia foránea no propiciara el golpismo.  

 En primer lugar, el ‘síndrome Rojas’, es decir, el rechazo de los miembros de las Fuerzas Militares de la conveniencia de ejercer directamente el poder político. En segundo lugar, la ausencia de una tradición de gobiernos militares a lo largo de la historia republicana (en contraste con naciones como Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Perú). Entre 1960 y 1980, hubo 21 golpes militares en Sudamérica, con excepción de Venezuela (que enfrentó varios intentos) y Colombia (excepción democrática en la región). 

 La subordinación al poder civil ha sido incondicional, al punto de que los ‘pronunciamientos’ de altos oficiales y las tensiones de los distintos presidentes con los ministros de Guerra (primero) y de Defensa (después), o los comandantes del Ejército, siempre se saldaron con el paso a retiro de los oficiales. Un ejemplo de ello sucedió en el gobierno del presidente Virgilio Barco (1986-1990); en momentos en que se adelantaban gestiones de paz, su ministro de Defensa, el general Rafael Samudio, afectado visiblemente por la muerte de once militares y una veintena de heridos producto de una emboscada de las Farc en El Castillo (Meta), a finales de 1988, en medio del dolor de las familias de los inmolados, anunció una ofensiva total para quebrantar la voluntad de lucha de los insurgentes:

“Esto no puede continuar, este martirologio no puede seguir […]. El pueblo colombiano se debe preparar para pasar a una acción que pareciera en el campo político, no se ve”. Enterado de las declaraciones de Samudio, el presidente Barco defendió su iniciativa de paz y criticó las declaraciones del general, lo que fue interpretado como una desautorización al ministro, quien pidió el retiro de inmediato. 

Además del respeto por el poder civil, que quedó en evidencia el pasado 7 de agosto de 2022, las Fuerzas Militares han trabajado en diferentes momentos de la historia para desactivar el conflicto armado. Su papel en la negociación en La Habana (Cuba) es conocido. Allí, militares y policías activos fungieron como catalizadores del proceso de construcción del modelo de desarme, desmovilización y reintegración realizado con las Farc. Pocas veces se comenta sobre ello, pero, según observadores, políticos y académicos nacionales e internacionales, el encuentro cara a cara entre ‘enemigos históricos’ fue fundamental para el proceso.   

Así las cosas, vale recordar aquel epígrafe del general Alberto Urdaneta, periodista y escritor del siglo XIX, publicado en la primera edición del periódico El Mochuelo, en agosto de 1877: “En Colombia, que es la tierra de los hechos singulares, dan la paz los militares y los civiles dan guerra”. 


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