Opinión / JUNIO 11 DE 2021

Trabajo social para Colombia

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Observando todo el lamentable panorama que Colombia y el mundo ha enfrentado en el último año por la pandemia de la Covid-19 y en el último mes, particularmente Colombia, por las protestas sociales con paro nacional incluido, bloqueos de vías principales que han generado desabastecimiento y además vandalismo inmisericorde y cruel contra bienes del Estado y de algunos empresarios que no son culpables de esta crisis nacional, nos queda un gran interrogante, ¿cuál será el camino acertado para salir victoriosos de estas 2 pesadillas? 

En su columna en El Tiempo del 5 junio de 2021, titulada Un nuevo pacto político y social, Carlos Caballero Argáez nos comparte lo que Minouche Shafik, directora del London School of Economics, acaba de publicar en un libro en el cual sostiene que la incapacidad de las sociedades, en todo el mundo, para satisfacer las crecientes expectativas de la población ha generado una enorme frustración entre las gentes, lo cual explica, entre otros fenómenos, la pérdida de confianza en las instituciones y la protesta masiva de los jóvenes, quienes no perciben que exista un futuro para ellos —What we owe each other: A new social contract for a better society, Princeton, 2021—.

El caso de Colombia es crítico. El país aparece como una sociedad en la cual se requieren once generaciones para que alguien de bajos ingresos transite a la clase media, cuando en Chile son seis, en España, cuatro, y en Dinamarca, dos. De ahí que la señora Shafik considere que en países como Colombia es indispensable avanzar hacia un nuevo contrato social: un “acuerdo entre los individuos, el sector productivo, la sociedad civil y el Estado para alcanzar beneficios colectivos”. Es prioritario que Colombia continúe por la senda del desarrollo, la industrialización, la infraestructura y convertirse en un país más exportador, para así generar más empleo, más oportunidades. Disminuir la desigualdad social. 

En el tema de educación no podemos parar de pensar en cómo nos volvemos más competitivos con una educación escolar, universitaria y tecnológica acorde con el desarrollo del mundo y que cubra todos los estratos sociales. Los niños de hoy van a tener que competir con los educados en los países desarrollados con altos estándares en tecnología, matemáticas, ciencias y el dominio del inglés como segunda lengua.

Otro aspecto bien importante y que está próximo a llegar son las elecciones tanto de Congreso como de presidente para el 2022. Sabemos que no es fácil hablar de este tema, porque es apenas natural que en una democracia haya diferentes corrientes de pensamiento, variedad de partidos políticos, todos respetables y necesarios para el sano crecimiento del país. Sin embargo, lo que no sería un buen resultado, es que Colombia cayera en una historia como la de Venezuela, Nicaragua o Cuba, donde no hay libertad de opinión, de prensa, y además han acabado con la empresa privada que es la que proporciona una gran cantidad de empleos y crecimiento para el país.


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