Opinión / MAYO 26 DE 2022

Trampa de las emociones

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“…No es la razón lo que nos lleva a la acción, sino la emoción”, dijo Humberto Maturana en 1988. Esta cita —que data de una fecha en la que aún no se tenía el conocimiento que hoy de las emociones— confirma que la razón no es quien decide —en todos los ámbitos de la vida— como tampoco lo hará en los comicios del 29 de mayo, y mucho menos en la segunda vuelta, el 19 de junio de 2022. El ideal —aunque se presume que sí— consistía en que no fueran las emociones quienes determinaran el futuro o produjeran el malestar y sufrimiento que le es característico a la humanidad, pero es así. Esto resulta peor aún, en sociedades tan desiguales como la colombiana, donde unas élites hacen de las emociones el instrumento dominante para manipular y presionar a otros en sus decisiones y acciones, hasta llegar incluso a la amenaza y extinción de la vida del otro, sin importar si es un vecino, un amigo o un familiar. Y enseguida viene la justificación institucional: intolerancia social.

Las emociones siempre han tenido mala prensa. Sin embargo, cuando conviene a ciertos intereses son exaltadas como la maravilla. Aceptar que las emociones son determinantes del comportamiento errático en muchos momentos es motivo de vergüenza, tanto en lo íntimo como en lo social. La soberbia racional no permite asumir que en la base del pensamiento prevalece siempre la emoción. Y es la emotividad humana, una particularidad sujeta de instrumentalización por parte de los psicópatas de cuello blanco —90% de la clase política y un 95% de los altos ejecutivos (R. Hare)—, que orgánicamente no conectan con el sentir, las necesidades y las emociones ajenas, pero con una poderosa capacidad de reclutar acólitos y manipular a toda una sociedad hasta someterla y hacer de ella su títere. 

Gobernantes y gobernados, líderes y seguidores, empresarios y empleados, padres e hijos, profesores y alumnos, amados y amantes, enfermos y aliviados, pequeños y grandes, académicos y legos, ricos y pobres, religiosos y no religiosos, en fin, todos los humanos se comportan desde lo emocional, bien por acción o bien por omisión, según su posición: dominante o dominado, incluido o excluido, libre o preso, o quizás en la brega por la igualdad, pero todos en la insensatez de considerar y creer que la razón es quien guía el pensamiento y que el pensamiento es el que determina la acción; incluso, el comercio rentable de técnicas racionales para dominar las emociones. No, lo que sucede en nuestro cerebro es lo contrario: las emociones determinan la acción y si es que hay pensamiento, este será posterior al revolcón emocional y podrá ayudar a darnos cuenta de que hemos caído en la trampa emocional. Por esto y mucho más, démosles a las emociones la importancia que tienen en la gestión de la vida y asumámoslas como los recursos con los cuales podemos tener mejor gestión de la razón. El bienestar individual y colectivo puede radicar en esa sola determinación.


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