Opinión / ENERO 24 DE 2023

Un clásico

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El ilustre William Ospina escritor vigoroso y magnífico, regresa con este especial homenaje a la poesía colombiana1, un ensayo indispensable que expone los grandes cantores, admirables ejemplos de inspiración y admirables ejemplos de laboriosidad, como bien lo dice el gran tolimense de Padua.

Desde don Juan de Castellanos hasta José Asunción Silva, Hernando Domínguez Camargo,  pasando por León de Greiff, Porfirio Barba Jacob, José Eustasio Rivera,  Luis Carlos López, Aurelio Arturo, Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin, Gonzalo Arango y Álvaro Mutis, una muestra de la producción nacional que obedece a su criterio, sujeta a su ampliación de acuerdo al lente del lector.

De don Juan de Castellanos es claro al afirmar: “(…) vivió setenta años de su vida en estas provincias que terminó haciendo suyas, y es el representante perfecto del español que no vino a saquear sino a quedarse, a buscar en estas tierras su rostro y su destino (…) :  “Tierra de oro, tierra bastecida. / Tierra para hacer perpetua casa, / tierra con abundancia de comida, / (…) tierra de bendiciones, clara y serena, / tierra que pone fin a nuestra pena /”.

Silva brilla con luz propia y su verso ilumina el cielo de la patria, “(…) Ayudaría a la mayor gloria de Silva decir que los demás poetas colombianos del siglo XIX fracasaron estruendosamente y que él descubrió, por súbita inspiración de su genio, el camino hacia el futuro” ( Pág. 73), así como la dicha le es adversa, su poderoso verso como el famoso Nocturno, va recordando a su amor anhelado que va perdiendo:  “(…) sin saber de qué música era dueño, sin saber con certeza qué milagro había obrado, a qué silencio le había puesto fin, fatigado, vencido, y con la misma mano con la que había escrito sus poemas, se rompió el corazón” (Pág. 91).

De Barba Jacob -cuya excelente biografía de Fernando Vallejo recomiendo-  señala que es a menudo imperfecto, “(…) y siempre sobrevive a la imperfección por la increíble fuerza, la carga de pasión, de sinceridad, la estremecida soledad de su voz (…) casi por primera vez cantó la voz de los condenados de esta tierra, de tantos despojados suramericanos para quienes su propio país  nunca pudo ser una patria” ( Pág. 94). “(…) en un pinar de Honduras vigorizó el aliento,  / la tierra mexicana le dio su rebeldía, / su libertad, sus ímpetus, y era una llama al viento, /”. Con todo -señala Ospina- “(…)  para los colombianos Barba Jacob es el poeta (…) ninguno parece recoger como él ese conjunto de cosas misteriosas que llamamos Colombia (…) reúne en su poesía lo más característico de nuestra sensibilidad” (Pág. 115).

Gran pintor del caribe, Luis Carlos López exalta el pasado y presente de su ciudad natal: “Noble rincón de mis abuelos. Nada / como evocar , cruzando callejuelas, / los tiempos de la cruz y de la espada, / del abrumado candil y las pajuelas…/ (…) fuiste heroica en los tiempos coloniales, / cuando tus hijos, águilas caudales,/  no eran una caterva de vencejos” ( Pág. 132). Antología que menciona a Epifanio Mejía, Gregorio Gutiérrez, Rafael Maya, en mi caso incluiría por lo menos a Carmelina y a Vidales. Recomiendo.

1 Ospina, William. Octubre 2022. Por  los países de Colombia. Random. 285 páginas.


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