Opinión / JUNIO 23 DE 2022

Un siglo de Nanook

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El denominado primer y mejor documental de la historia llega a 100 años de existencia. Nanook, el esquimal (1922) fue rodado por el documentalista norteamericano Robert Flaherty en el norte de Canadá y cuenta la historia de una familia de esquimales y sus vicisitudes en un ambiente hostil.

Recuerdo que cuando impartía mis primeras clases, en la Universidad del Quindío, no había podido conseguir la película en vhs para compartirla con los estudiantes, Nanook, entonces, era una historia audiovisual narrada, pero igualmente fascinante. Hoy, por fortuna, el documental está completo en YouTube y puede ser visto por todo aquel que quiera sumergirse en una joya histórica, que estableció pautas del género en aspectos visuales, pero sobre todo narrativos y de montaje.

Afirmaba Flaherty que “La finalidad del documental es representar la vida bajo la forma en que se vive”. Así se narró Nanook, en una convivencia cercana a la comunidad, si se quisiera llevar a términos de investigación social, fue más que un ejercicio de etnografía y se convirtió en investigación-acción. El documentalista se sumergió en la vida de la comunidad y la narró, con el objeto de comunicar al que él denominó el hombre de la calle, los problemas que agobian a sus semejantes. 

En un texto muy corto escrito en 1939, donde da cuenta de su experiencia en varias producciones, incluyendo Nanook, el documentalista afirmó: “El ‘extranjero’, sea cual fuere su apariencia externa, no es tan sólo un ‘extranjero’, sino un individuo  que alimenta sus mismas exigencias y sus mismos deseos, un individuo, en última instancia, digno de simpatía y de consideración”. 

Pero, además del fondo —en términos de la investigación científica— y gran valor cultural, Nanook, el esquimal, representa la piedra angular de una nueva forma de narración documental. La obra mezcla la recreación histórica del día a día de una comunidad, que comenzaba a ser modificada por la intervención de la ‘civilización’. Flaherty se valió de miembros reales de dicha comunidad y escenificó algunos modos de vida, pero con rigor histórico. En locaciones y, podría decirse, con actores naturales que se representaban a sí mismos y a sus antepasados recientes. 

Las imágenes fueron montadas de manera cronológica y valiéndose de técnicas que apenas si se usaban en el entonces naciente cine de ficción. Se pueden apreciar montajes alternados que presentan diferentes situaciones de la vida esquimal de una manera cadenciosa y con intención dramática. Así, se puede pasar de una escena tensa de cacería a una de juego y divertimento familiar. 

Nanook, el esquimal, dejó planteada la exigencia de hacer imágenes bellas, de combinar dimensiones del plano, de establecer personajes y ordenar las escenas de manera que el espectador no se pueda parar de su silla. Por eso es, y seguirá siendo, el padre de los documentales.

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