Opinión / JULIO 25 DE 2021

Una terquedad absurda

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Aunque la alta proporción del 40% de población que a comienzo de año manifestaban en Colombia su negativa a vacunarse contra la covid-19, ha bajado a alrededor del 25%, continua siendo demasiado alta, frente a las variantes que ha registrado el virus, cuando dos de ellas, la británica alfa y la brasilera gama, ya han ingresado a nuestro país y enfrentamos la posible llegada de la delta más contagiosa aun y la lambda ya detectada en el vecino Perú.

Respetable, pero incomprensible, la decisión de tal población, con alto grado de egoísmo y de ignorancia matemática, si lo analizamos desde el punto de vista estadístico, pues las cifras claramente evidencian los mayores riesgos para la vida propia y de sus semejantes hacia quienes se han negado a vacunarse en proporción superior al 90%, teniendo que ser atendidos en las UCI con muchos fallecidos. Son personas que se han atemorizado frente a un riesgo mínimo de la vacuna inferior a un 5% en promedio anticipado por las farmacéuticas fabricantes, frente a una amenaza latente, incalculable e inevitable cuando se entra en contacto con el virus, quiérase a no. Igual atemorizados ante casos fortuitos que no faltan bajo diversas circunstancias con las cuales debemos subsistir los seres humanos, incluidos solo unos cuantos de personas con las dos dosis, quienes por algún motivo excepcional, no han sobrevivido. También atemorizados absurdamente por comentarios malintencionados y sin fundamento científico alguno por supuestos intentos de manipulación biológica. Y ni siquiera les convence la experiencia de quienes en su mismo caso han tenido que aceptar el cruel diagnóstico de su médico lleno de dolor: “Ya es demasiado tarde”, cuando ellos les piden arrepentidos, ser vacunados.

La experiencia ha demostrado claramente el gran impacto de la vacuna en contra del cruel bicho y aunque el camino es largo por recorrer, por la desafortunada aparición de las variantes, por esa incredulidad y tozudez de muchos, la indisciplina social de otros tantos y desde luego por las imperfecciones y vulnerabilidad que ha dejado al descubierto esta pandemia sobre nuestro sistema de salud, que no obstante ha salido bien librado gracias al profesionalismo y dedicación de su personal adscrito, al gobierno le tocará tomar medidas más drásticas y radicales, aunque no del agrado y aceptación de todos, pero sí muy necesarias. Medidas como ya están empezando a ser adoptadas por países europeos donde se está exigiendo un certificado sanitario para ingresar a determinados establecimientos y eventos públicos, y ya está evaluando Colombia con un carné obligatorio de vacunación. Certificado que desde luego incluirá estar vacunado contra la Covid-19, prueba negativa actualizada, etc. Y seguramente tendrá que llegar al extremo de establecer la vacuna obligatoria pues bien se sabe que una persona sin vacunarse, es un riesgo para los demás de contagio, a sabiendas que el virus llegó para quedarse, pues no se sabe de mecanismo alguno para erradicarlo de forma definitiva del planeta lo cual lo constituye en una amenaza permanente para todo el mundo. Ya el FMI ha pronosticado que solo hasta el 2023 se habrá podido erradicar como amenaza mortal.

Cuando será que cada persona afectada por tamaña terquedad, entienda y admita que no es un asunto personal, sino de carácter público y que esto lo convierte en un serio peligro para su propia vida y la de sus más cercanos así no sea esa su intención. 


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