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Opinión / FEBRERO 22 DE 2024

Usted, él, nosotros, yo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

“Sin estudiantes no hay universidad” he escuchado, en tono airoso, decir a algunos representantes estudiantiles agitando las masas universitarias. Una afirmación que niega el origen mismo del concepto de universidad. Según Benedicto Chauqui, la palabra  universitas  fue creada probablemente por Cicerón, con el sentido de “totalidad”; deriva de universum, que significa “reunido en un todo”. Un todo no puede ser una parte, lo que confiere igual valor a cada una de las variables que conforman el concepto universidad. Así pues, sin estudiantes o sin profesores o sin institución, no hay universidad.

Chauqui explica que el significado de universidad se da en dos sentidos: “universitas magistrorum et.scholarium, esto es, la comunidad de maestros y alumnos; después, la universitas litterarum, es decir, la institución en que se reunía en un todo el saber. Conformado un triángulo equilátero. 

De tal manera que la universidad tiene su origen en el deseo (de los estudiantes) por aprender y la voluntad (de los profesores) de enseñar. En esa sinergia se da una de las premisas de Paulo Freire: “Todos nosotros sabemos algo.  Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre.” Y que redunda en su otra máxima: “Nadie educa a nadie  —nadie se educa a si mismo—, los hombres se educan entre si con la mediación del mundo”. Así las cosas, solo los estudiantes no hacen universidad, como solo los profesores tampoco. 

Para ilustrar cómo se concibe la fórmula de la universidad demos un salto al siglo XIX ,tiempo en el que se produce un cambio en el modelo educativo, Napoleón (de moda por estos días por la película de Ridley Scott)crea la Universidad Imperial “Era ésta una corporación estatal y centralizada, con sedes en las provincias y que asumió la dirección de toda la enseñanza, universitaria y escolar, bajo el principio doctrinario de que la función de enseñar las nociones que forman al ciudadano es un privilegio del Estado”. (Chauqui,2002). Esta  universidad se enfocó en la formación de ciudadanos, en todo el concepto de la palabra, útiles para la sociedad. Casi a la par se propone otro modelo, el de la Universidad Humboldtiana, centrada en la investigación científica y en la inclusión de los hallazgos de las investigaciones en el proceso educativo. Esto se condice con la postura de Freire quien indica que: “No hay enseñanza sin investigación  ni investigación sin enseñanza”. 

Estas propuestas de universidad han evolucionado y sobre todo han adquirido personalidad según el contexto donde se desarrollan. La Universidad ha experimentado una evolución marcada por tensiones entre educación liberal y especialización. La U moderna debe equilibrar docencia, investigación, extensión, para formar profesionales éticos y líderes adaptados a un futuro incierto. Su papel clave es generar conocimiento y preparar ciudadanos, pero la adaptación constante a las necesidades cambiantes es esencial para garantizar su relevancia y continuidad.

La Universidad es usted,él,nosotros,yo; porque, como afirma Pétriz y Rubiralta (2017), “sin la relación profesor-alumno, la Universidad deja de serlo, pero sin la creación de nuevos conocimientos a través de la investigación, no es Universidad”. Lo demás es populismo universitario.

Nos vemos en la red (0)


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