Opinión / OCTUBRE 27 DE 2020

Var, entre la deshonestidad y la ingenuidad

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Las polémicas desatadas por el manejo del Var son pan de cada día en Colombia y en el mundo. Pasaron muchos años para que la tecnología fuera involucrada en el fútbol, a pesar de voces disonantes que se oponían por ir en contra del carácter humano del deporte.

Hoy lidiamos con críticas, justas e injustas, por los tiempos invertidos en la revisión de las jugadas, por la subjetividad en la interpretación y por la decisión del equipo arbitral de analizar o no algunas acciones, sin establecer un mismo criterio.

Para citar un ejemplo, el pasado fin de semana se desató una polémica por una pena máxima que favoreció al Real Madrid en el clásico español frente al Barcelona. La acción, revisada por el Var, evidencia dos acciones recurrentes en el fútbol, ahora y siempre: la deshonestidad y la estupidez.

En la jugada, Lenglet tomó de la camiseta a Sergio Ramos. Apegados al reglamento, como debe ser, es penal aquí y en la Conchinchina. Pero cómo es posible que Sergio Ramos, ese monstruo que muele las piernas de los rivales, ese animal que arriba destroza a sus contrincantes con codos, manos y cabeza, ese depredador que agarra, pega, lesiona, pisa y bravuconea, se caiga con un simple tirón de camiseta, como el que uno puede hacerle a su propia camisa cuando tiene mucho calor. 

A esa ventaja que saca Ramos en la jugada la llamamos astucia, inteligencia de juego, malicia y otros adjetivos que tratan de maquillar un acto de deshonestidad. Lloramos y criticamos al que finge y engaña cuando es del otro equipo, pero destacamos su ingenio cuando hace parte de nuestras filas.

Esos ojos del Var, ciegos ante la brutalidad recurrente, estuvieron muy finos para decretar la pena máxima sin sonrojo alguno. No se trata de ser fanático del uno o del otro. Muchos fervorosos creen que si se critica algo se debe a un amor por el bando contrario. No, en muchas ocasiones ese tipo de determinaciones han favorecido a los que hoy lloran su desgracia. 

Otra cosa, ¿cómo es posible que un defensa de élite cometa un error tan ingenuo como tomar de la camisa a un rival, sin necesidad alguna, en su área, en un momento álgido, en un partido decisivo? Es como si a muchos jugadores, acostumbrados a violar la ley cada que el árbitro da la espalda, se les olvidara que hay cámaras y jueces pendientes de ellas para tomar decisiones, con o sin intereses.

Estamos en un periodo de implementación que nos da un compás de espera. Seguramente, con el pasar de los partidos y con una adecuada capacitación de los árbitros alcanzaremos un óptimo funcionamiento del Var, a ver si logramos bajarle a la deshonestidad y a la ingenuidad.


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