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Desde la recepción hasta la distribución, periodistas, diseñadores, personal comercial y distribuidores participan cada noche en la producción del diario.

Mucho antes de que amanezca, en la sede de La Crónica del Quindío comienza otra jornada de trabajo. Mientras la ciudad duerme, distintas áreas reciben información, atienden a los lectores y anunciantes, preparan contenidos, diseñan páginas, imprimen ejemplares y organizan su distribución.

Para quien recibe el periódico en la mañana, la edición llega como un producto terminado. Detrás de ella, sin embargo, hay una cadena de personas y tareas que se activa desde la tarde y continúa hasta la madrugada.

La primera puerta: donde llegan las historias

El recorrido comienza en recepción. Allí, Deisy Dayana Bravo Casas atiende a quienes llegan a la sede del periódico con distintas solicitudes.

“Nos buscan cuando se les perdió la mascota, cuando van a despedir a un ser querido con un aviso funerario o cuando la comunidad del barrio no aguantó más un hueco en la vía”, cuenta Dayana.

Su trabajo la convierte, en muchos casos, en uno de los primeros puntos de contacto entre los lectores y el periódico.

El área comercial y los suscriptores

A pocos metros funciona el área comercial. Julián González, ejecutivo de pauta publicitaria, atiende a los anunciantes y coordina la publicación de sus avisos.

Una parte de su trabajo consiste en orientar a comerciantes y empresas sobre las alternativas de publicidad disponibles en las ediciones del periódico.

“Mi momento de mayor adrenalina es cuando un cliente decide cerrar una pauta de última hora a las 5 de la tarde; hay que correr a coordinar con diseño y redacción para que ese espacio no quede vacío”, explica Julián.

En otra área trabaja Leney Hurtado Zamorano, coordinadora de suscripciones. Su labor está relacionada con la atención y permanencia de los lectores que reciben el periódico de manera habitual.

“Tenemos suscriptores que leen La Crónica desde el día de su fundación en 1991”, relata Leney. Cuenta que algunos lectores mayores llaman cuando el ejemplar no llega a la hora acostumbrada. “Ellos no compran papel; compran su rutina del desayuno”, dice.

Del anuncio a la página

Cuando una pauta queda contratada, Rodolfo Vélez recibe la información necesaria para convertirla en una pieza gráfica. Como diseñador de anuncios comerciales, trabaja con textos, fotografías y otros elementos que suministran los anunciantes.

“A veces el cliente nos manda un texto largo en una servilleta y una foto de celular borrosa”, cuenta Rodolfo. El trabajo consiste en organizar ese material para que resulte legible y se ajuste al espacio disponible.

La revisión también es parte de la tarea. Un número telefónico, una dirección o el precio de un producto pueden cambiar el contenido de un anuncio, por lo que esos datos deben verificarse antes de enviar la pieza a la página.

La redacción, contra el reloj

Después de las 3 de la tarde, la sala de redacción concentra buena parte del trabajo de la edición. José Alejandro Castillo, periodista de la sección Local, regresa de una cobertura en el sur de Armenia mientras organiza sus notas y prepara el texto.

“El periodismo regional es muy hermoso pero implacable”, explica. Una de las particularidades que señala es la cercanía con las personas y fuentes sobre las que se informa.

“A diferencia del periodista de la capital, aquí tú te cruzas en la calle al otro día con la persona sobre la que escribiste: el alcalde, el comandante de Policía o el vecino del barrio. Por eso la precisión debe ser absoluta”.

El cierre de la edición agrega otra presión. Una noticia de última hora puede obligar a modificar textos, fotografías o páginas que ya estaban avanzadas.

“A las 7 de la noche crees que ya tienes la portada lista y de repente salta una noticia de última hora. Hay que tirar a la basura tres horas de redacción y volver a escribir”, relata José Alejandro.

Cuando los contenidos toman forma

Con los textos y las fotografías listos, comienza el trabajo de diagramación. Luz Mirian Orozco Soto y Sergio Motta organizan los contenidos en las páginas del periódico.

Frente a sus monitores, ajustan textos, fotografías, titulares y avisos para que cada elemento ocupe el espacio previsto y mantenga una lectura ordenada.

“Nosotros somos los arquitectos del periódico”, dice Luz Mirian. Explica que el trabajo consiste en encontrar una distribución que permita presentar los contenidos de manera clara.

La revisión final también incluye aspectos como la posición de las fotografías, los cortes de los titulares y la distribución de los elementos dentro de la página.

A medida que avanza la noche, el tiempo disponible disminuye. Una modificación de última hora puede obligar a reorganizar una página completa antes de enviarla a impresión.

De la impresión al reparto

Una vez aprobada la edición, los archivos pasan al proceso de impresión. Cerca de la 1:30 de la mañana comienzan a salir los ejemplares que luego se organizan para su distribución.

En la zona de despacho espera Édgar Alexánder Gómez Malambo, repartidor que lleva más de 14 años recorriendo Armenia en motocicleta.

“A esa hora Armenia es otra ciudad: está fría, callada y oscura”, cuenta mientras se prepara para iniciar el recorrido.

Conoce las rutas y los barrios por los que circula durante la madrugada. Su recorrido incluye sectores como La Patria y La Castellana, entre otros.

“Lanzar el periódico por debajo de una reja y escuchar que alguien adentro lo recoge de inmediato me da una satisfacción enorme. En ese instante se cierra el círculo”, relata.

Al amanecer, los ejemplares llegan a sus lectores. Para entonces, una nueva edición ya pasó por recepción, área comercial, diseño publicitario, redacción, diagramación, impresión y distribución.

Son 12.242 ediciones publicadas con la de este fin de semana. Detrás de cada una han participado personas con responsabilidades diferentes y jornadas que, en algunos casos, se extienden hasta la madrugada.