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Empresarios advierten que la recuperación no dependerá solamente de reconstruir la infraestructura, sino de recuperar la confianza de los visitantes y garantizar la permanencia de los empleos

El paisaje turístico del Quindío también quedó marcado por el terremoto del 10 de agosto. Allí donde antes había piscinas llenas de visitantes, habitaciones ocupadas, fincas cafeteras abiertas al público y llenas de vida, y espacios preparados para recibir familias durante sus vacaciones, hoy hay estructuras por reconstruir, reservas canceladas y empresarios haciendo cuentas para determinar cuánto costará volver a abrir sus puertas.

La emergencia generó afectaciones en establecimientos turísticos de diferentes municipios del departamento y puso nuevamente sobre la mesa una preocupación que trasciende la reparación física: ¿cómo mantener a flote a un sector cuya actividad depende de que los visitantes tengan confianza para regresar al destino?

Las propuestas consolidadas por los gremios del departamento advierten precisamente que el impacto económico del sismo trasciende los daños materiales. El sector productivo enfrenta un doble choque: por un lado, los daños en infraestructura, vías y conectividad, y por otro, la disminución de la demanda, las cancelaciones y la caída de las ventas.

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A esto se suma que, aunque un establecimiento pueda estar en condiciones de operar, sus obligaciones continúan: nómina, arrendamientos, créditos, impuestos, servicios públicos y pagos a proveedores. Para los gremios, el riesgo está en que una afectación temporal termine convirtiéndose en el cierre definitivo de empresas y en la pérdida permanente de empleos.

Laura Osorio González, directora ejecutiva de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia —Cotelco—, capítulo Quindío, expresó que, de los 52 establecimientos afiliados entre hoteles y fincas, siete permanecen cerrados: entre ellos, los hoteles Isa Victory, Armenia Hotel y la finca Los Álamos; en Circasia, el Hotel Campestre Tucurrumbí, y en Montenegro, el Hotel La Esperanza, Los Girasoles y El Percal.

Este fin de semana pasado, el Quindío pudo haber registrado una ocupación del 95 % en fincas, hoteles y alojamientos turísticos, pero el sector no logró atender esa demanda.

“Junto con Anato, lo que buscamos y lo que pedimos todos es que se declare el estado de emergencia económica y social para proteger las empresas del sector turístico, que exista un apoyo del Gobierno con una dinámica similar a la de la pandemia, en el tema de impuestos, porque en el Quindío muchas personas quedaron sin vivienda, muchas están revisando sus infraestructuras y realmente sí necesitamos ayuda. Algunos afiliados a Cotelco nos reportaron incluso la necesidad de recortar personal”, expresó Osorio González.

Las Bailarinas: $8.000 millones para volver a levantarse

Uno de los casos que refleja la magnitud de las pérdidas es el del tradicional Hotel Campestre, Parque de Aguas y Aventuras Las Bailarinas, uno de los referentes turísticos del departamento y un lugar que recibe anualmente cerca de 280.000 visitantes.

Cristian Suárez, administrador del complejo, explicó que el golpe más fuerte se concentró en el sector 2, donde estaban las piscinas que durante años hicieron parte de la identidad del parque. Allí también resultaron afectadas habitaciones, locales comerciales y otros espacios.

A pesar de la magnitud de los daños, el parque no cerró completamente. Luego de que ingenieros y un equipo especializado revisaran las condiciones estructurales, algunas zonas recibieron el visto bueno para continuar funcionando.

Entre los espacios que permanecen habilitados están el parque de lluvias, las actividades del lago, el mirador de la Cruz y el mirador de la Mano, este último con algunas afectaciones en sus dedos.

En el sector 2 del parque funcionaba la tradicional finca cafetera ‘La Máquina’, uno de los espacios relacionados con la cultura cafetera que más llamaba la atención de los visitantes. Según Suárez, los ingenieros declararon la estructura en pérdida total, por lo que deberá demolerse, incluidas sus 12 habitaciones.

“En el parque, en el sector 2, luego del terremoto se hizo una grieta que atraviesa las habitaciones de una de las entradas del parque y también debemos demolerlas. El oratorio, un lugar al que le tenemos mucho respeto y fe, también debe ser demolido. La afectación es bastante grande: hablamos de cerca de 30 habitaciones que no pueden seguir operando, así como una parte importante del parque, que era uno de sus principales atractivos turísticos y lo que hizo más conocido al parque”, contó el administrador.

La emergencia también representa un desafío laboral. Las Bailarinas cuenta con aproximadamente 110 empleados directos y cerca de 300 indirectos. De acuerdo con la administración, pese a las dificultades, ninguno de los trabajadores ha salido de la nómina hasta ahora. “El equipo humano será la prioridad”, sostuvo Suárez.

El parque busca sostener su operación mediante el pasadía, que actualmente ofrece más de 60 actividades, mientras espera que lleguen medidas que permitan afrontar las obligaciones adquiridas y financiar la reconstrucción. “Estamos golpeados, pero vamos a seguir adelante”, recalcó.

La cadena turística también quedó golpeada

La situación de Las Bailarinas se replica, en diferentes dimensiones, en otros establecimientos de alojamiento rural del departamento. En la finca turística La Fortuna, ubicada sobre la vía que conduce hacia el parque de aguas Las Bailarinas, en Montenegro, los daños obligaron al cierre temporal. Andrés Rendón, administrador del lugar, relató que la piscina resultó afectada, la cocina quedó destruida, las cuatro habitaciones sufrieron daños y la casa se desniveló completamente. También resultaron afectados una construcción que se adelantaba en la parte posterior y los paneles solares.

“Tuvimos afectaciones en la piscina; la cocina quedó en el suelo; las cuatro habitaciones resultaron afectadas, y la casa se desniveló por completo. La construcción que estábamos adelantando en la parte trasera también quedó en el suelo, y se dañaron los paneles solares”, explicó Rendón.

La finca tenía capacidad para recibir entre 30 y 40 personas en pasadías y temporadas de mayor demanda.

El cálculo inicial ubica entre $12 y $15 millones la reparación de la piscina, mientras que los arreglos del interior de la vivienda podrían oscilar entre $50 y $70 millones.

La expectativa es que pueda volver a recibir público en uno o dos meses. Mientras tanto, propietarios y administradores adelantan revisiones con ingenieros y arquitectos, además de cotizaciones para establecer con mayor precisión el costo de la recuperación.

Habitaciones destruidas y reservas canceladas

En la finca hotel Los Nogales, ubicada en el kilómetro 1 de la vía a Panaca y con capacidad para 85 personas, la situación también obligó a suspender temporalmente la operación.

Laura Carolina Narváez, administradora del establecimiento, explicó que una revisión técnica determinó pérdida total en las suites y la necesidad de demoler parte de la infraestructura. Reparar los daños en las cabañas podría tardar alrededor de un mes y alcanzar un costo cercano a los $800 millones.

“Los techos se vinieron abajo, los televisores se cayeron, el agua entra a las habitaciones y cada suite tiene su propio jacuzzi. En este momento solo quedamos tres personas empleadas, esperando qué pasará con el tema del turismo. Aquí nadie ha venido a preguntar cómo estamos. Tuvimos que cancelar las reservas: el hotel está muerto”, manifestó Narváez.

Su preocupación va más allá de su establecimiento. Para ella, la recuperación del turismo debe hacer parte de la respuesta a la emergencia, especialmente por el número de personas que dependen económicamente de esta actividad.

“A las autoridades: entendemos su enfoque en las personas y los municipios, pero el turismo está muerto y muchas personas se están quedando sin trabajo”, agregó.

En la posada El Orejón, ubicada en el kilómetro 4 de la vía Quimbaya-Panaca, las afectaciones se concentraron principalmente en los techos de la finca, construidos con tejas de barro. Alexandra Guerrero Guerrero, administradora del establecimiento, explicó que las lluvias posteriores al terremoto agravaron las condiciones de la infraestructura y obligaron a inhabilitar el lugar para la prestación del servicio turístico. La posada tiene capacidad para 20 personas y ofrece alojamiento y paquetes recreativos.

Pese al golpe, Guerrero conserva una expectativa positiva y calcula que, en aproximadamente un mes, el establecimiento podría recuperar completamente las condiciones necesarias para volver a recibir turistas.

“Nuestra expectativa es positiva. Se demora un par de semanas, pero debemos retomar, y por ello hacemos un llamado a las familias del país para que vengan al Quindío. Es el momento de no dejar solas a las fincas hoteleras turísticas, porque necesitamos recuperarnos y generar confianza en ustedes, para que vuelvan y quieran nuevamente pasar sus vacaciones y celebraciones de fin de año aquí”, expresó.

La administradora extendió la invitación a uno de los momentos de mayor movimiento turístico de Quimbaya: el Festival de Luces y Faroles, programado para el 7 y 8 de diciembre.

“Nosotros estimamos un mes para recuperarnos completamente y volver a habilitar el lugar para el público”, añadió.

Más allá de reconstruir: recuperar la confianza

El panorama que dejaron estos establecimientos coincide con las conclusiones de la encuesta liderada por la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, realizada a empresarios del departamento. El estudio evidenció que los daños no se concentran únicamente en las estructuras: entre las principales afectaciones aparecen también restricciones de acceso, pérdida de inventario, riesgos para clientes o trabajadores, daños en establecimientos y afectaciones a equipos o maquinaria.

La encuesta también muestra que una parte de las empresas todavía no tenía certeza sobre cuándo podría retomar plenamente sus actividades, mientras otras contemplaban operar con restricciones o permanecer cerradas temporalmente.

Por eso, para el sector turístico la reactivación tendrá que darse en varios frentes. El Comité Intergremial del Quindío planteó una batería de medidas que incluye líneas de emergencia para micro, pequeñas y medianas empresas, créditos con condiciones preferenciales, garantías, refinanciación de pasivos, alivios tributarios y fiscales, subsidios temporales a la nómina y cofinanciación de reparaciones. Para el turismo, específicamente, solicitaron activar una línea de emergencia de la cadena turística a través del Fondo Nacional de Turismo —Fontur—, apoyar el empleo formal de los prestadores con Registro Nacional de Turismo activo y priorizar los proyectos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo —MinCIT— y de Fontur para la zona afectada.

Los gremios propusieron una campaña de marketing territorial con MinCIT, Fontur y ProColombia para recuperar la confianza en el destino y promover eventos como vitrinas para la reactivación.

La reapertura de los establecimientos será, en ese sentido, mucho más que el regreso de una actividad comercial. Será uno de los termómetros de la recuperación económica del Quindío después del terremoto.