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Expertos instan a fortalecer la medicina preventiva y la inmunización de adultos.

El vertiginoso envejecimiento poblacional que experimenta la sociedad mundial representa un reto estructural sin precedentes para el sistema de salud pública en Colombia. De acuerdo con proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el año 2030 una de cada seis personas en el planeta tendrá 60 años o más, incrementando esa población de 1.000 millones a 1.400 millones de individuos. En el escenario nacional, las estimaciones demográficas sugieren un estancamiento en el volumen poblacional a partir de 2044, lo que exige implementar desde ahora esquemas de prevención centrados en la nutrición, el ejercicio y la vacunación para evitar la fragilidad, el deterioro cognitivo y la pérdida de autonomía en la vejez.

Estudios del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) señalan que Colombia registrará una aceleración progresiva en su índice de envejecimiento durante las próximas décadas. Para el año 2055, la proyección oficial calcula que existrán 164,3 adultos mayores de 65 años por cada 100 menores de 15 años. Esta transformación en la pirámide poblacional demanda un replanteamiento de los modelos sanitarios para transitar de un esquema puramente asistencial a una estrategia de medicina preventiva a lo largo de todas las etapas de la vida.

Sobre la necesidad de adecuar las políticas sanitarias a la nueva realidad demográfica del país, el doctor Camilo Moreno, director médico para el Clúster Norte de Latinoamérica de Pfizer, enfatizó la dimensión social del fenómeno:

“Prepararse para el cambio demográfico y responder mejor a las necesidades de las personas mayores debe ser una prioridad para todos los sectores. Esto implica reconocer la salud como un recurso esencial para el desarrollo social y priorizar a quienes corren el riesgo de quedarse atrás”.

Déficit de especialistas e indicadores de discapacidad en adultos

Uno de los principales cuellos de botella para brindar atención integral a la población longeva en Colombia es la severa escasez de profesionales especializados. Actualmente, el país cuenta con menos de 300 médicos geriatras activos, lo que equivale a una proporción aproximada de un especialista por cada 25.000 a 30.000 personas mayores. Esta cifra dista de los estándares técnicos internacionales fijados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que recomiendan la presencia de un geriatra por cada 5.000 adultos mayores.

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La carencia de personal idóneo se da en un contexto en el que los indicadores de morbilidad han crecido en los últimos 15 años, lapso durante el cual el número de años vividos con discapacidad se elevó un 77 % entre los adultos mayores de 80 años. Asimismo, entre el 12 % y el 15 % de los adultos mayores en Colombia padece algún grado de dependencia funcional, mientras que hasta un 20 % de los ciudadanos mayores de 70 años vive con fragilidad física, condición que incrementa las tasas de caídas, reingresos hospitalarios y muerte prematura.

Frente a la pérdida natural de capacidad de respuesta del sistema inmunitario vinculada a la edad, la vacunación en adultos surge como una de las herramientas más efectivas de salud pública para contener complicaciones respiratorias. Infecciones causadas por patógenos como el neumococo, la influenza, el virus sincitial respiratorio (VSR) y el SARS-CoV-2 representan un riesgo de hospitalización considerablemente superior en adultos mayores frente a la población joven.

Respecto al papel de la medicina geriátrica preventiva y la inmunización en la preservación de la autonomía, el doctor Carlos Ariza, presidente de la Asociación Colombiana de Gerontología y Geriatría, explicó el alcance de las valoraciones médicas oportunas:

“Acudir a una valoración de envejecimiento saludable con el geriatra permite transformar la perspectiva de envejecer y contar con un plan de cuidado integral. La nutrición adecuada, el ejercicio físico y la vacunación son pilares fundamentales. La vacunación fortalece el sistema inmunitario, favorece una mejor capacidad de respuesta, reduce las tasas de infección y disminuye el riesgo de hospitalización y mortalidad”.